Una comunidad se ve afectada cuando una gran producción de Netflix llega al pueblo a filmar con la promesa de trabajo y estrellato que no es sino delirio en Piedras En Sus Bolsillos, un texto irlandés que Juan Carlos Medellín y Fernando Bonilla transportan de manera magistral al norte de México para hacer una crítica al tipo de disparidad y el síndrome del salvador blanco que en el nombre del falso progreso empuja a comunidades completas a verse desplazadas en sus propios hogares, bajo el título entre líneas de menor calaña.

«Los nadies», repiten continuamente en este revival de Piedras En Sus Bolsillos (antes llamada «Extras» en su montaje original para México), un crítico texto de Marie Jones donde los nadies son ni más ni menos que los habitantes del lugar al que Netflix llega a asentarse como francos colonizadores. Que podría ser Netflix o cualquier otra instancia de Hollywood, y no sólo Hollywood, pero el sistema corporativo y capitalista que donde sea que pisa trae consigo la falsa ilusión de empleo, inversión y progreso, cuando en el fondo la prioridad es el interés empresario y la consecuencia es el despojo y el quiebre de comunidades enteras.

Piedras En Sus Bolsillos

Pero Piedras En Sus Bolsillos comienza como una comedia. Arribamos a un set de filmación donde Netflix está filmando su nueva película sobre la Revolución Mexicana, protagonizada, por supuesto, por una actriz española: Ester Expósito, que batalla por masterizar el acento local para hacer la cosa más creíble. Pero el foco no está en los protagónicos del filme (sabemos que por ahí también anda Poncho Herrera, pero eso no es lo importante), porque los protagonistas de esta historia son los muchos habitantes del pueblo que en busca de un sueldo mísero de $600 pesos al día se enfilan para participar como Extras en la producción y ser tratados, básicamente, como ganado.

Piedras En Sus Bolsillos

Entonces la obra comienza como cine silente con dos hombres en máscaras de látex de vaca recreando una serie de momentos que eventualmente harán sentido con la experiencia que los extras van viviendo en el set durante la estancia de Netflix en el pueblo. Especialmente dos de ellos, que se vuelven el núcleo de la historia, un aspirante a guionista que al no ser tal cual de la comunidad resulta muy nuevo para todo, y un veterano a las chorradas con los pies mas puestos sobre el piso, pero inevitablemente disuadido a soñar con el reconocimiento, la gloria… quizá el deseo de la actriz protagónica.

Piedras En Sus Bolsillos

Mientras el crew de la película, un director argentino lleno de palabrería, un agrio encargado del set, una asistente dulce pero a la que en realidad no le podría importar menos, la misma Ester Expósito para la cual el fin justifica los medios, y hasta su amenazante guarro, movilizan a la multitud de extras con infantilización o franco hastío, el pueblo se va viendo inundado por la presencia de Netflix, su gente, sus actores, sus ideas, sus promesas, al punto en el que la tragedia acaba siendo inevitable, y conforme la filmación avanza es cada vez claro que el pueblo se está perdiendo a sí mismo para darle gusto a los extranjeros a los que poco a poco se les va cayendo la máscara de rescatistas.

Piedras En Sus Bolsillos

La obra está escrita para dos actores, y son Juan Carlos Medellín y Alex Gesso los responsables de darle vida a un gran número de pobladores y Netflixianos, convención que desde el inicio se presta para una comedia revoltosa. Cierto, al ubicarlos en el norte de México es de pronto difícil que consigan una verdadera variedad de acentos y personalidades que pudieran proveer al montaje de múltiples colores, pero Medellín y Gesso trabajan más desde lo reconocible, consiguiendo una buena cantidad de personajes ubicables, si bien soltando oportunidades de humor que ciertos momentos se hubieran beneficiado de tener para no atorarse en lo ya muy visto.

Piedras En Sus Bolsillos

Esta Piedras En Los Bolsillos con la batuta de Fernando Bonilla no es, entonces, lo graciosa y comediosa que pudiera llegar a ser a partir de un texto por demás ingenioso y ácido, especialmente en su primer acto, pero quizá la intención de Bonilla siempre fue la crítica por encima de la simpatía. Y el manifiesto está presente, eso es innegable, si bien expuesto y sobre-expuesto hasta la certeza, incluso comenzando el segundo acto con el poema «Los Nadies» de Eduardo Galeano musicalizado para re-establecer el punto de la obra, por si hubiera llegado a diluirse durante el intermedio.

Piedras En Sus Bolsillos

Donde este montaje encuentra su portento es en su perspicaz adaptación. Juan Carlos Medellín toma una anécdota sucedida en Irlanda y la camuflajea por completo para hacerla sentir singularmente mexicana, y brillantemente atinada en sus varios detalles. Pareciera ser que, en efecto, Marie Jones es más mexicana que el mole y escribió una crítica perforante con lo que conoce de nosotros, que bebió mezcal en el bar la Biznaga, comió jícamas con chile en un catering segundón y se enfrentó de primera mano con el blanqueamiento de nuestra propia Revolución. Medellín acierta desde lo orgánico y, ciertamente, desde lo sagaz.

Piedras En Sus Bolsillos

Para el segundo acto donde lo patético empieza a tomar disposición y las piedras comienzan a pesar en los bolsillos, la comedia se oscurece para dar pie a la tragedia y el develamiento de una realidad más desmaquillada, y Piedras En Sus Bolsillos se torna desesperanzada. Netflix se va a ir de ahí para estrenar su película ante millones, éxito, reconocimiento y remuneración; y el pueblo permanece estóico para seguir pagando las consecuencias hasta que aterrice la siguiente filmación a utilizar lo pintoresco de su folclor. Mientras los extras siguen soñando con guiones como aquellos del grande cine de acción, y labrarse un nombre desde sus mínimas posibilidades en un paisaje lleno de historias chiquitas, donde los de arriba ven vacas.

Piedras En Sus Bolsillos se presenta viernes a las 20:30, sábados a las 19:00 y domingos a las 18:00 en Foro Lucerna.