Aunque entrañable y ciertamente nostálgico, y un absoluto vehículo para que Jesusa Ochoa pueda explotar todo el carisma del que es capaz, el revival de La Visita del Ángel de Vicente Leñero tiene una intención naturalista que no termina por ser enteramente capturada por sus directores, Benjamín Cann y Miguel Santa Rita, y un lenguaje rotundamente ochentero que llevado hasta nuestros días sólo se llena de anacronismos que en la boca de una veinteañera parecieran disfraz.

Seamos muy honestos, lo que Vicente Leñero evoca con La Visita Del Ángel no es una trama con movilidad y progresión que te mantenga al filo del asiento; sino uno anécdota chiquita crecida a una escena de 90 minutos con toda la intención de retratar con fidelidad y naturalismo lo que para un par de abuelos, cuyas vidas suceden en quietud y monotonía, es la sensación de recibir por una tarde la visita de su nieta que llega a llenar de una energía diferente una casa sumida en la rutina.

La Visita del Ángel, 2026

Para lograr el cometido el único camino posible es el realismo. Benjamín Cann y Miguel Santa Rita hacen lo propio con una introducción larga en donde nos vemos lanzados a acompañar a una pareja de la tercera edad en un silencio cómodo, no del que carga tensión o angustia, pero del que sólo puede nacer de la confianza y la familiaridad, mientras ella pela papas, las hierve, prepara un caldo entomatado y se pone a hacer agua de limón, al tiempo que él hojea en calma su periódico, escabullendo uno que otro puñado de Fritos que mantiene escondidos bajo un sombrero.

La Visita del Ángel, 2026

En tiempo real el Foro Lucerna comienza a oler a sopa, mientras pasan los minutos sin un asomo de historia, mera consolidación de tono, y establecimiento de dos personajes cuya realidad es el silencio y lo inmóvil. Hasta que aparece la nieta, verborréicamente interpretada por Jesusa Ochoa, que desde el momento en el que pone un pie en esta cocina desayunador, no deja de llenar la casa de anécdotas, preguntas, chistes y confesiones. Algunos demasiado escritos para prestarse al juego del realismo, y el tono de ella como actriz haciendo lo posible por pisar el buscado naturalismo, pero quedándose a unos pasos.

La Visita del Ángel, 2026

El choque generacional se vuelve evidente a los pocos minutos, pero conforme ella habla y habla, es cada vez más notorio. Benjamín Cann y Miguel Santa Rita han decidido llevar La Visita Del Ángel a nuestros días. Unos abuelos que mencionan a la 4T y una nieta que carga con ella su smartphone, y sin embargo, ahí donde adaptaron la atmósfera, nadie jamás tocó el texto de Leñero, que al tener una intención coloquial, está repleto de palabras, frases y modismos que probablemente en 1981 que se escribió el texto eran perfectamente representativas de cómo hablaban los jóvenes en sus 20’s, pero que en esta modernidad sólo hace parecer a la nieta como una señora atrapada en el cuerpo de una niña.

Leñero no tiene la culpa, pero el resultado es que pareciera escrita por una persona que jamás ha convivido ni por segundos con alguien de la generación z, que, bueno, en el caso de Vicente Leñero es cierto, pero el público no tendría que notarlo; y levanta inevitablemente la pregunta, si era tan importante mantener el texto intacto, ¿por qué no dejarlo suceder en los años 80’s como fue inicialmente pensado?

La Visita del Ángel, 2026

Como fuera, Jesusa Ochoa aprovecha el casi monólogo para dominar la puesta. Repleta de simpatía y completamente embebida en su narración de manera frenética, Jesusa es básicamente la obra. La misma sensación que han de tener los abuelos de revivir cuando ella está presente, es la que recibe la audiencia en cuanto ella entra con su mochila y sus ganas de compartir de más. Y entonces queda muy claro el punto de la puesta. Y es muy tierno. Vicente Leñero nos lleva a cada persona en la butaca al recuerdo que tal vez muchos compartimos de estar parados en la cocina, ayudando a poner los platos, mientras los abuelos se sientan en la mesa a consentirnos con sus oídos. A escuchar de nuestro día. La Visita del Ángel tiene la calidez del recuerdo de su lado.

La Visita del Ángel, 2026

Con un intermedio, los dos actos de esta puesta se sienten sobre-extendidos e innecesarios, dado que el punto de la historia queda muy claro desde mucho antes, y no queda lugar hacia dónde avanzar. Pero es quizá el que la dirección no termina de llevarnos a una cocina existiendo en tiempo real el que impide que la obra avance a un paso en el que los 90 minutos sean apreciados. O tal vez el que el formato a tres frentes obliga a Cann y a Santa Rita a una movilidad poco orgánica, con sus actores brincando de mesa en mesa sin mucha lógica, y mantiene por mucho tiempo a sus personajes dándole la espalda de forma continua a toda una sección del auditorio.

La Visita del Ángel, 2026

La búsqueda original era sin duda interesante, la idea de acompañar a esta familia en una comida que pudiera existir sin guión, como los momentos familiares que tenemos en la memoria. Y el sentimiento nostálgico que verdaderamente consigue transportarnos al tiempo de ser consentidos por los abuelos, o tal vez para algunos más grandes, a sus convivios con sus propios nietos, y eso es hermoso; pero La Visita Del Ángel habita en un intermedio donde la obra no deja de recordarnos que es obra, y que no nació en nuestra época, y lo que pudo haber sido una encantadora postal, termina por ser una recreación linda sucediendo en una cocina desayunador que no deja de ser de utilería.

La Visita Del Ángel se presenta viernes, sábados y domingos en Foro Lucerna.