Un hombre a punto de firmar sus papeles de divorcio pasa por todas las etapas del duelo a una relación en El Amor Es Una Mierda, un unipersonal con el argentino Gastón Filgueira Oria que se arma de una simpatía muy especial en una obra en realidad chiquita que busca retratar el amor en retrospectiva, una vez que se ha ido y se puede quedar en la memoria como grandioso… o como una mierda.
¿Qué pasa por la cabeza de un hombre en el mero día, el mero instante en que va a dar por finalizada su relación amorosa? No sólo su relación, su franco matrimonio. El Amor Es Una Mierda, que suena por título a un arranque odioso contra todo aquello que pudiera considerarse platónico e infatuado, o a comedia romántica repleta de tropiezos graciosos, es en realidad un texto mucho más sensible que eso de Cecilia Meijide, y no pretende arrastrar la idea del amor por el lodo, pero puntualizar en que el fin del amor no deja de ser un duelo, completo con todas sus etapas de cierre.

Gastón se aparece en una sala, la de una casa, no la de una corte, pero va camino en realidad a instancias legales a terminar con su matrimonio. El resto del monólogo se nos presenta como un ensayo. Es este hombre practicando qué le va a decir a su ex esposa una vez que se la tope en la firma del divorcio (la estoy asumiendo de género femenino, pero la obra es mucho más neutral y podría aplicar para cualquiera). Estamos en la ficción de la ficción. Y dado que este hombre está en realidad solo con sus fantasmas se puede dar el lujo de perder los estribos y luego retomar el control, porque en su ira, en su frustración no hay víctimas. Estamos viviendo su desahogo con él.

Cecilia Meijide trabaja un formato no tan usual en los unipersonales que nos tienen más bien acostumbrados a la narraturgia, donde la audiencia somos escuchas de un relato, pero aquí ella nos ofrece un monólogo dirigido a una segunda persona, con lo que transforma a los espectadores en recipientes directos del diálogo. De cierta manera somos ella. La ex pareja. De modo que Gastón Filgueira Oria puede enviarnos estos reclamos, recuerdos, lamentos y peticiones. El Amor Es Una Mierda se vuelve personal.

También hay un toque de comedia en la dirección de la misma Cecilia, pero no por eso Gastón está jugando al patiño del amor. Hay algo inevitablemente simpático en la confrontación patética de este hombre, patética porque se está peleando con el aire, y porque inicia pretendiendo estar en un mejor lugar, tener incluso una mejor pluma (literal), cuando en el interior sigue podrido y solo. Y en este berrinche que él está farseando con el espejo, por supuesto que hay humor. Pero el monólogo tiene otros muchos matices, porque en el dejar ir hay enojo, hay arrepentimiento, hay culpa, hay redención y tranquilidad.

Entonces El Amor Es Una Mierda pudiera ser engañoso. Un documento un poco más crudo disfrazado quizá de comedia romántica. Que no deja de ser ligero porque Gastón Filgueira Oria le otorga una desesperación que viene de una inmadurez emocional a la que cualquiera se enfrentaría cuando el instinto pide que nos sintamos agraviados. Y él lo aborda de manera simpática, recordando que está en un ensayo con él mismo, y en nuestros monólogos internos rara vez cuidamos las formas. Y cae en lugares tan pueriles que en algún momento incluso se esconde detrás de una cobija. Entonces vaya, sin ser una obra que busque carcajadas, la comedia no deja de ser uno de sus motores.

En la Sala B de La Teatrería el movimiento es restringido, pero Cecilia Meijide lo resuelve con un sencillo guiño de vestuario. Conforme el monólogo avanza, Gastón se va quitando piezas de ropa como si fuera literalmente desnudando sus propias capas. Comenzando desde una cierta pretensión con él vistiendo un suetercito rojo, muy propio, muy adecuado, para eventualmente irse mostrando verdadero hasta terminar en una playera blanca sin mayor revestimiento. Idealmente tan al desnudo como se permite llegar.

Sin conceptos melodramáticos, El Amor Es Una Mierda es un afable tratado sobre la separación y la forma en la que le damos cierre a algo que cuando comenzamos jamás pensamos en su final, usualmente ni siquiera le damos cabida. ¿Entonces cómo despedimos algo que jamás se pretendió como terminable? ¿Cómo se firma un contrato de rompimiento cuando el de unión es tan magnánimo? La única manera de lograrlo es volvernos tantito locos, tantito desatados, perder el centro por un momento, aventar plumas, libros y tirarse en un sillón rendidos, aceptando que esta vez… sólo esta vez, ok, perdimos.
El Amor Es Una Mierda se presenta los martes a las 8pm en La Teatrería.








