Potencialmente entrañable, Otaku se cuelga de un humor particular entre los amantes del anime para sacar tiernas risas en su audiencia, pero al momento de buscar asestar un kame hame ha en el pecho con una historia más emocional sobre madres, hijos y pérdida, el monólogo permanece recluido en una esquina segura sin atreverse a enfrentar una situación adulta y compleja con total madurez y profundidad.
Alex Herrera, dramaturgo, actor y auto-confesado Otaku arma un unipersonal que a momentos se siente como pony de un sólo truco, recluyéndose continuamente en su zona segura, ahí donde es fácil hacer reír al fandom con referencias de nicho y chistes locales, y a pesar de una idea ingeniosa, sin duda divertida, de acercarse a un drama familiar desde la farsa mágica del anime, cuando llega el momento de meter el piecito en las aguas de una emoción más compleja y dolorosa, se aferra a la orilla para no soltarse por completo y el resultado es una sensibilidad trunca que no termina por crecer lo suficiente para alcanzar el momentum que busca con su recuadro final.

Renato es Otaku. Para facilidad lectora, un fan del anime y manga japoneses, especialmente de Fullmetal Alchemist y Dragon Ball. Su mamá pareciera no entender su pasión por las caricaturas y preferir las telenovelas, pero en el fondo y estando continuamente expuesta a la televisión que ve su hijo, ella también termina por ser otaku… de clóset. Pero como en muchas historias japonesas, los héroes tarde o temprano se tienen que enfrentar contra un villano terrible, un mal inclemente que los pone a prueba, y para el caso de Renato, su mamá y su hermana (que tarda mucho en aparecer en la historia y no termina de encontrar su peso), es el cáncer. Y la batalla no es sencilla. Y la victoria se va dibujando cada vez más lejana.

El concepto tiene mucho para brillar y acertar. Una mamá transformada en otaku únicamente por la conexión con su hijo es sin duda enternecedor. El pathos del personaje desde la maternidad es algo muy retomado en los viajes del héroe en las historias japonesas. Y el acercamiento al cáncer desde la capacidad de percibirlo como un enemigo de caricatura tiene mucho de fresco, aún si es verdad que precisamente en animes como Cells At Work ya se ha probado la fórmula. Pero aún cuando el relato de Alex Herrera es simpático, especialmente en un comienzo, la dramaturgia nunca termina por explorar los rincones que da miedo explorar. Pasa una mano por la superficie, continuamente cobijada por el rolling gag de la batalla anime llevada a un caso de la vida real y permanece distante.

Concemos poco de Renato fuera de su pasión otaku, cosa que inevitablemente lo vuelve unidimensional. Y de su mamá aún menos. Su deterioro es visto desde un telescopio, y el texto le ofrece sólo dos elementos que parecieran ser representativos de ella: uno, le gustan los árboles de sakura (que también de algún modo relaciona con su hijo), dos, su receta contra las dificultades es bailar. Ingredientes de una fórmula que de manera predecible sabemos que serán usados hacia la recta final para conseguir algún tipo de salto de esperanza. Y sí. Y quizá con una dramaturgia que hubiera encontrado su camino hacia el in crescendo y se arriesgara a arrastrar a sus personajes por un suelo menos limpio, ambos elementos hubieran terminado por conmover y calentar el pecho. Pero Otaku se mantiene plana, acentuada con instantes de humor, más no de crecimiento, resultando en un unipersonal que no deja de tener su encanto, pero permance como una anécdota chiquita.

La dirección de Omar Sorroza tampoco se compromete del todo con el drama. Cuando Otaku juega a la parodia todos los elementos parecieran sonar al unísono para encontrar el humor que va a encantar a su público, y funciona de maravilla, pero cada que llega el momento de hacer de Renato un hijo, un niño asustado, un hombre rebasado, y finalmente una persona enfrentádose contra una de las situaciones más terribles contra las que cualquiera se puede enfrentar, el ritmo trastabilla y el tono se resbala entre quererle huir al melodrama y esquinarse hacia lo excesivamente sereno, para permanecer intocable y narrado.

Celebro, sin embargo, que el estruendo del anime pueda ser llevado de manera graciosa a un escenario especialmente restringido como el de la Sala Novo. La iluminación de Constanza Ballesteros básicamente carga con el entero de la ambientación, y trabaja con un constante dinamismo y colorido muy atinado, juegutón y efectivo. Y la música y diseño sonoro de Yayo Villegas llegan para terminar de delinear el mundo de Renato que en efecto pertenece al género Shonen, aquél en el que la aventura del héroe es épica y su día a día está repleto de acción e intensidad en enfrentamientos grandes o pequeños, lo mismo batalla nuestro protagonista con un villano de la dimensión de Goliath, que con pedir un préstamo en el banco, un detallazo para el que atrapa rápidamente el tipo de referente.

El sentido del humor de Alex Herrera es lo que termina por destacar en Otaku. Y vuelve su relato uno confiable. El unipersonal es un buen rato a su lado, uno entretenido. Pero lo que demuestra con todas esas buenas ideas flotando en el aire es que Otaku puede ser una Digimon y no sólo una Monster Rancher, una Dragon Ball y no sólo una Blue Dragon, una Saint Seiya y no sólo una Beta X… para que me entiendan los no-otakus allá afuera, que puede dar para más. Después de todo, ¿no es la muerte de una madre lo que lleva a los héroes de Fullmetal Alchemist a cometer transmutación humana?, tal vez Renato pueda quitarle el seguro a lo que lo mantiene cómodo y animarse a ir un poquito más allá.
Otaku se presenta los domingos a las 6pm en la Sala Novo de la Capilla.








