Una cruda fábula sobre el abuso infantil que nunca diluye ni tantito el tétrico tema en su núcleo, Valentina Y La Sombra Del Diablo tiene como meta hablarle a los pequeños sobre cómo el silencio es el mayor cómplice de los abusadores, y dejarles claro que está en ellos el derrotar a estos demonios que se disfrazan de compañeros de juego en rutinas incómodas, y poniéndoles nombre, así sea el de un familiar, es la única manera de hacerlos pequeños y quitarles todo el terrorífico poder que parecían tener. Una obra importante y sin embargo se traga como piedras.

Valentina Y La Sombra Del Diablo es una obra para infancias, pero son los adultos los que a los cinco minutos de iniciada la función tienen muy claro lo que está pasando, y viven un cuento de terror, de los más horribles que hay por el resto del montaje. Y quizá para los más chicos la trama está un poco más diluida, aunque sin duda es el tipo de obra que garantinza una plática importante al terminar la función de regreso a casa; pero para los grandes, especialmente aquellos con hijos, la historia retuerce el estómago muy desde el principio y no te permite quitarte el nudo que te deja sin aire y con el cuerpo helado hasta que se dan las gracias.

Valentina Y La Sombra Del Diablo

Porque Valentina Y La Sombra Del Diablo, escrita y dirigida por Verónica Maldonado, no pretende maquillar una de las violencias más horribles que existen allá afuera, y que tristemente sucede de manera más frecuente dentro del núcleo familiar, o con presuntas personas de confianza. Y tal vez la advertencia es para niños y adultos por igual, y es por eso que el montaje jamás baja la guardia, las luces rojas y la tensión en el ambiente. Tal vez al pequeño hay que asustarlo para clavarse en su memoria, y al papá y a la mamá hay que aterrarlos para que mantengan los ojos bien abiertos. No lo sé. La realidad es que a la obra le interesa poco cuidar sensibilidades.

Valentina Y La Sombra Del Diablo

Valentina está siendo abusada por algún adulto en su vida, aunque ella sea incapaz de darle nombre a su demonio. Eso es claro desde el principio. Verónica Maldonado nos coloca en un área de juegos infantiles, para hacer del espacio supuestamente creado para el sano entretenimiento de un niño, una zona insegura donde cualquiera puede presentarse con la promesa de tener un juego que hay que guardar como secreto. Sólo dentro de su hula hula, Valentina se puede enclaustrar para sentirse a salvo. Pero aún así su diablo se le aparece, tapado con telas rojas y una cara geométrica, un franco juguete Fisher Price convertido en pesadilla, para convencerla de cumplir con sus reglas del juego.

Valentina Y La Sombra Del Diablo

Valentina está asustada, triste y desesperada, y así es que la encuentra su abuelo, un hombre perpicaz que entiende que algo anormal le está pasando. Y habiendo él pasado por su propia violencia de joven, una que tuvo que batallar hasta hacer de su sombra una pequeña y manejable, fácil de meter en una caja donde ya no le podía hacer daño, trata de entrenar a su nieta para que utilice piedras de verdad contra su propio diablo, y lance su voz, que es lo único que tiene como arma contra él, para defenderse. Pero Valentina es chiquita y se siente impotente, y queda en ella ir descubriendo la valentía necesaria para hacerse camino entre las fauces del demonio y exponiendo la verdad levantar el más sólido escudo que puede llegar a usar en su contra.

Valentina Y La Sombra Del Diablo

El relato es sombrío y las escenas tenebrosas, y aún cuando el diablo no es sino tela y juguetes, la interpretación macabra de Mauricio Reyes y la manera en la que la ominosa figura se yergue como tragándose a la actriz Ana Belem López, que consigue verse vulnerada y frágil en todo momento, hacen de los visuales del montaje cuadros que verdaderamente ponen la piel chinita al tiempo que hierven la sangre. La sutileza no es parte de Valentina Y La Sombra Del Diablo, eso es seguro, pero definitivamente puede presumir de ser efectiva.

Valentina Y La Sombra Del Diablo

Son las escenas de Valentina con su noble y sabio abuelo las que de pronto le permiten un respiro a la audiencia para volver a recuperar ánimos, pero no me puedo imaginar a nadie con hijos, chicos o grandes, que pueda salir del Teatro El Milagro respirando tranquilamente. Es una obra que cimbra y previene. El mensaje es importante y directo. Ahí donde otras muchas para infancias le dan vuelta a lo más crudo y tratan de vestirlo de colores para espolvorear de azúcar la medicina, Valentina Y La Sombra Del Diablo se siente más urgente, no tiene tiempo para dar saltos alrededor de los focos rojos. La realidad para los padres que lleven a sus hijos a verla, y que pudiera resultar prioritario que lo hagan, es que no es una obra fácil y llama de manera inmediata a que haya conversaciones vitales en la familia.

Valentina Y La Sombra Del Diablo

Más allá de lo indigerible, resulta fantástico ver a Ana Belem realmente convertirse en una niña pequeña, habitar la impotencia con su propio terror, que con ojos enormes y bien abiertos nunca deja de pedir ayuda allá afuera; y a Mauricio Reyes trabajar con una corporalidad espeluznante, no sólo al momento de levantar al demonio del suelo y con una sola mano dotarlo de movimiento retorcido, pero en la cualidad opuesta que le ofrece al abuelo que del otro lado del camino representa la confianza. Y a ambos utilizar objetos infantiles como titireteros para hablar del miedo desde figuras abstractas a las que acaban antropomorficando de forma genial.

Valentina Y La Sombra Del Diablo

Yo no sé cuál sea el lenguaje correcto para hablarle a los niños de aquello que puede hacerles daño y usualmente lo hace desde el silencio. No puedo presumir de tener la respuesta. ¿Es la crudeza agorzomadora de Valentina Y La Sombra Del Diablo la que más claro deja el mensaje, la que se clava y activa las defensas? No lo sé. ¿Es importantísimo que el tema sea puesto sobre la mesa sin tapujos? Sin duda. Como la obra lo deja claro, el silencio es cómplice. Y romperlo le toca a toda la familia, aunque cierta incomodidad sea inevitable. Puedo decir con certeza que yo no quisiera regresar al universo de Maldonado, que me provocó un malestar físico. Pero también puedo decir que si de ahí salen padres e hijos más preparados para enfrentar el abuso, en todo tipo de comunidades donde la obra se pueda presentar, entonces cada retortijón habrá valido la pena.

Valentina Y La Sombra Del Diablo se presenta sábados y domingos a la 13:00pm en Teatro El Milagro.