Una pareja en la mediana edad se enfrenta contra una crisis de vida en La Nota, una especie de comedia romántica sobre los sinsabores que llegan con el pasar de los años y el amor que se convierte en decisión de seguir peleando por la relación, en un montaje que no termina de encontrar su tono, y una historia que si bien tiene un mensaje honesto que compartir nunca se traduce en emocionante, hilarante, o conmovedor lo suficiente para despegar de un transcurrir primordialmente plano.

Audrey Schebat (dramaturga) habla con la verdad cuando dice que el amor, incluso el deseo, con el paso del tiempo se convierten más que nada en un acuerdo. Que tiene lo suyo de bello, y el cariño no deja de ser parte de la ecuación, pero hablar de una pareja de décadas con hijos mayores de edad, no tiene por qué hacerse desde el cuento de hadas que es el enamoramiento romántico, cuando el contrato de estar con alguien, los sacrificios y acuerdos que eso implica, es igualmente meritorio de sus propios entramados y conflictos, comedias y dramas.

La Nota, 2026
Fotos: Cortesía

Ingmar Bergman lo hizo muy bien en Scenes From A Marriage, y The Four Seasons con Carol Burnett retrató de manera tan divertida la crisis de la mediana edad en pareja que se acabó convirtiendo apenas el año pasado en serie de televisión. La Nota, sin embargo, nunca decide del todo qué quiere ser: ¿Comedia oscura e irreverente, dramedy de búsqueda motivacional, un drama de tintes realistas para las parejas de casados? La obra comienza con un intento de suicidio por parte del personaje de Julián. Completamente retratado desde la comedia. Este hombre está por colgarse en la sala de su casa aprovechando que su esposa está de viaje, y lo hace con la ligereza con la que se podría preparar un sandwich.

La Nota, 2026

Enrique Arreola va silbando por la casa y hablando consigo mismo en absoluta caricatura mientras prepara todo para dejar este mundo de la manera más cómoda posible (incluso arregla que la señora que limpia la casa llegue temprano al día siguiente para que sea ella la que encuentre su cuerpo y no su mujer). Tiene la intención de ser gracioso, lo cual, uno pensaría, es el establecimiento de una comedia de humor negro, pero fuera del intento fallido de suicidio, fallido porque Magda (Tiaré Scanda), su esposa, regresa anticipadamente de viaje y lo cacha justo cuando está por ahorcarse y lo detiene, La Nota nunca regresa -ni siquiera se acerca pues- a la irreverencia oscura de ese principio.

La Nota, 2026

En su lugar la obra pasa por variados intentos de encontrar un tono definitivo, mientras Julián y Magda discuten durante la noche y la madrugada, qué es lo que les está pasando, por qué ya no son felices, si es que alguna vez lo fueron, qué los une, qué debería de separarlos, y qué deben hacer. En un principio se arma con farsa. Magda descubre a Julián con una soga al cuello y su reacción es casi de fastidio, no de susto, no de tristeza, sino de reclamo ligero. Su mayor consternación no es que su marido estuviera a segundos de quitarse la vida, pero que no se le hubiera ocurrido dejarle una nota para despedirse, idealmente creativa.

La Nota, 2026

Todo ese segmento en el primer acto termina por chocar de manera fundamental con lo que la misma Magda tiene que confesar casi al cierre del Acto 2… la razón por la que regresó antes de su viaje. Pero olvidemos eso un momento. La Nota nos dice entonces que es una comedia ligerísima sobre los absurdos del matrimonio, pero cuando menos nos damos cuenta está virando hacia una conversación mucho más densa sobre la felicidad de ensueño y la manera en la que se disfraza de posible durante la juventud, para volverse un sueño inalcanzable a cierta edad madura. Los chistes prácticamente desaparecen. No es que La Nota se convierta en un dramón, nunca lo hace, pero sí pierde su propósito humorístico. Se vuelve reflexiva. Un retrato más sincero sobre la crisis de estarle pegando a una cierta edad.

La Nota, 2026

Julián es un psicoanalista que no sabe poner límites con sus pacientes, y tiene unos que han cruzado de manera nociva las fronteras de lo profesional hacia lo personal; mientras Magda viene regresando de Berlín, acaba de ser reconocida y premiada como una de las mejores pianistas del mundo, pero ella no se siente realizada, y se cuestiona, ¿quién se va a acordar de mi premio en un año? La misma obra que encontraba enormemente divertido que un hombre no supiera amarrar una cuerda para suicidarse, de pronto nos tiene cuestionándonos sobre lo trascendental, y el qué pasa si colocamos nuestras prioridades en el lugar incorrecto. De pronto La Nota es prácticamente irreconocible.

La Nota, 2026

Y ya bien pasada más de una hora de puesta en escena el personaje de Magda decide meter los piecitos en la alberca de lo sincero y confesar aquello que le duele de su matrimonio, ya no desde la burla, el cinismo o el ángulo simpático, sino desde las cartas sobre la mesa. Ya no es «no me dejaste una nota cuando te ibas a matar, cabrón», ya es un «cuando abrí los ojos y me di cuenta que en este momento relevantísimo de mi vida no estabas a mi lado por decisión propia, supe que algo estaba pasando». A La Nota le toma más de una hora ponerse honesta y por tanto pertinente. Tiaré Scanda, a la que le celebro muchísimo haber podido encontrar un personaje que logre transitar todos esos espirales de inconsistencia sin perder jamás lo verdadero y establecido, mientras Enrique Arreola a su lado permanece todo el tiempo en modo farsa expositoria hasta el mareo, llora confesando que no sabe si salvar su matrimonio es posible. Y es en esos últimos instantes de obra que La Nota encuentra lo que era valioso de todo el numerito.

La Nota, 2026

Tal vez la francesa Audrey Schebat escribió un rompecabezas que no termina de encajar pieza con pieza, o tal vez Cristian Magaloni (director) se perdió buscando agradar a la audiencia menos nicho de Mejor Teatro, lo cual no deja de ser un tanto inconcebible luego de que el mismo Magaloni consiguiera transmitir de manera tan punzante y poderosa lo que es una crisis de mediana edad, y lo que realmente implica tomar tus maletas y escapar de la vida que te creaste en Los Perros, otra obra de temática similar con la que apantalló apenas en 2024. Lo que es una realidad es que aunque La Nota tiene momentos tiernos y nostálgicos, y logra sacarte una que otra risita, como puesta de 90 minutos se pelea continuamente entre lo voluble y lo monótono. Y tomando en cuenta el pedigree de toda la gente que conforma ese montaje no deja de ser una oportunidad perdida de hacer con el tema del matrimonio y el tiempo una joyita comercial.

La Nota, 2026

Tiaré lo vale todo, eso siempre será cierto. Se compromete como tal vez la puesta misma no termina de hacerlo nunca. La Nota cruza por parajes interesantes, dignos de un debido escrutinio y análisis, pero no se detiene en ellos lo suficiente para armarse con el peso de un retrato veraz sobre las relaciones de décadas, los pasa casi sin querer, con prisa por llegar al siguiente instante que pueda sacarnos de cualquier asomo dramático, no vaya a ser que la audiencia que vino a reír se quede en silencio. Y tal vez de ahí los saltos discordantes. Para una obra donde se tocan los suficientes acordes al piano (uno que permanece muy frontal en la escena), algo en el ensamblaje no deja de sonar desafinado.

La Nota se presenta viernes, sábados y domingos en el Nuevo Teatro Libanés.