Un musical sencillito, a momentos demasiado para lo mucho más que la dirección podría aprovechar una comedia romántica teatral, Kilómetros el Musical nos llega desde Argentina con una historia que a diferencia de otras muchas del género, no le huye a las verdades duras, ni intenta forzar romance donde se tendrían que reconocer las red flags. De baladas lindas y una protagonista que se come el escenario con carisma, esta obra nos viene a recordar que cuando hablamos de amor… también hablamos del propio.
En el universo de los musicales originales (y esto sucede mucho con los originales mexicanos) se suele anteponer la narrativa del amor ante cualquier forma de toxicidad o incompatibilidad, en busca del suspiro del público y el final feliz. Continuamente en estas comedias románticas personajes que no hacen sentido ni tienen razón merecida para acabar juntos son forzados por la dramaturgia a un final de unión que más que vender la idea de la pareja perfecta, acaban por justificar conductas imperdonables y motivaciones cuestionables. Vengo feliz a reportar que Kilómetros el Musical le da la vuelta a esa frecuente trampa y nos viene a hablar de la infatuación desde un lugar honesto.

El musical nos llega desde Argentina de los autores Camila Castillo, Delfina Pallardo y Martín Bergman, y acá lo toma en sus manos una compañía joven y notoriamente deseosa de presentar algo diferente, íntimo y simplemente bonito. Y en algunas instancias la misión está perfectamente cumplida. La obra está inspirada por la leyenda japonesa del unmei no akai ito -aunque en Kilómetros nunca se refieren por nombre a ella. Aquella que dice que dos personas están unidas por un hilo rojo de meñique a meñique que implica que están destinadas por un vínculo imposible de romper a enamorarse, amarse o transformarse de alguna forma. Carolina, la protagonista de esta historia, está convencida de saber a quién está atado su hilo rojo.

Y la cosa es que Thiago vive a muchos kilómetros de distancia, en España. Thiago y Caro se persiguieron toda su etapa escolar sin realmente llegar a formalizar nada antes de que él decidiera mudarse de país, y ahora Caro tiene tres días de un viaje en el que se va a quedar en su casa para conseguir lo que todo este tiempo no ha podido lograr: que él quiera estar formalmente con ella. Pero su viaje poco a poco se va pintando como una misión perdida desde el momento en el que Thiago la recibe con la noticia de que está saliendo con alguien, y pasando los días por la notoria forma en la que él nerviosamente insiste en darle la vuelta. ¿Será posible que el hilo rojo de Carolina no esté entonces amarrado al meñique de Thiago?

A esta aventura de amor irreclamable se suman los dos mejores amigos de ambos, Feli y Rama, que en tiempos escolares también fueron pareja, hasta que Rama se muda igualmente a España para hacerle de roomie de Thiago, dejando a una indecisa Feli atrás a la que le rompe el corazón con el anuncio de que él no va a dejar ir la posibilidad de vivir fuera porque ella no está segura de quererse ir. Que funcionan como los confesores de Carolina y Thiago, y cuya mucho más pequeña historia tangencial de desamor de pronto tiene mejores cimientos que la de los mismos protagonistas.
En México la dirección del musical corre a cargo de Alberto Quijano al que se lo come la elección de una puesta pequeña y poco aparatosa. Quijano mantiene por el total del musical a sus actores enfrentados de perfil en conversaciones que suceden ya sea parados o sentados uno al lado del otro, sin mucho más que hacer que repetir la misma figura una y otra vez. Sus momentos más alegóricos suceden cuando se abre a utilizar todas las posibilidades del Foro Contigo América, incluyendo el balcón, o cuando le permite a sus personajes movimientos mucho más naturales que sus rígidos y fríos perfiles encontrados. Pero en general el montaje se nota restringido para las posibilidades narradas en el texto.

La música de Delfina Pallardo y Martín Bergman está más que nada basada en baladas acústicas, que por un lado interpreta un pianista fuera de escena, Juan Ángel Rodríguez, y en otros muchos momentos es el mismo Thiago (en mi función Mateo Ramírez) el que acompaña los números tocando la guitarra. Músicalmente, Kilómetros tiene un sonido dulce y popero si bien de poca variación, sí con momentos emocionales precisos y emocionantes, quizá el más sorprendente de todos, aquél que Feli le dedica a su amiga Caro cuando la realización de que tal vez su idea del amor romántico es una ilusión le empieza a pegar como cubeta de agua fría.

Y ése es una de las cuestiones con Kilómetros el Musical, los dos personajes femeninos están escritos de forma más redonda, compleja e interesante que sus contrapartes masculinas a las que se les mira con cierta distancia y hasta desinterés. Y en mi función, las actrices Ana Luisa y Tannia Dávila verdaderamente les pulen oro. Ana Luisa como Carolina entiende lo que es interpretar a la ingenua pero motivada heroína de comedia romántica. Pisar primero con el pie de lo encantador, para después lanzarse a la aventura desde lo esperanzado, siempre con un toque de nerviosismo y ansiedad que la vuelven inevitablemente torpe en el amor, pero guardando en el fondo un muy sincero miedo a fracasar y regresar a casa con el corazón en cachitos. Ana Luisa entrega todos esos matices y lo hace con una naturalidad tan humana que es imposible no estar en la butaca deseando gritarle que se anteponga a ella primero. Nosotros, público, nos damos cuenta mucho antes que ella que Carolina merece mucho más. Y aún así queremos que se salga con la suya por el mero poder cautivante de Ana Luisa.

Y Tannia Dávila, una de las grandes revelaciones del 2026 en la industria musical mexicana, mantiene los momentos vocales más impresionantes y bellos del montaje, mientras juega con un personaje que por un lado es la que pelotea la comedia incómoda de Carolina, y por otro lado carga con su propia nostalgia, provocada por un amor que no terminó por falta de cariño, pero se dividó en caminos opuestos que simple y sencillamente no jalaban para el mismo lado. Que pasa, y es un tema del que no hablamos lo suficiente. A veces el amor no se termina, sólo se terminan las formas de hacerlo funcionar.
Del otro lado Rama, en mi función Gael Pereda, funciona más como comic relief. A pesar de estar parado en un lugar similar al de Feli, su motivación es en realidad el otorgar momentos de ligereza al intenso encuentro de Carolina y Thiago. Sus propios sentimientos salen a la luz ya muy para el final, y aún cuando Gael se preocupa por darle dimensión a su personaje, su labor apaciguadora sigue opacando el panorama personal del personaje. En un rol nacido del humor, Quijano aún puede trabajar con mayor detalle la precisión y tono junto a Gael (e imagino su alternante) para conseguir que cada momento gracioso realmente consiga modular los otros instantes más reflexivos del montaje.

Y en este cuarteto, Thiago es la patita que no termina de nivelar la mesa. Un antagonista confundido e indeciso que en realidad más que otros aborda de manera muy madura el no prestarse a vivir una fantasía romántica donde solo puede haber fracaso, que en sus ganas de atención e incapacidad de comunicar lo que piensa acaba por mandar señales contradictorias y generar caos desde un cierto egoísmo. En papel, el personaje es complejo e interesante. Pero en Kilómetros sus motivaciones quedan muy desdibujadas, desde la gran pregunta, ¿por qué y para qué se mudó a España si ni siquiera está interesado a cinco años de estar allá en salir a conocer la ciudad? ¿Quién es él más allá de la guitarra que sólo suelta para comer e ir al baño? Ahí donde Carolina tiene gustos, pasiones, sentido del humor, planes a futuro, una meta clara, Thiago sólo existe para refunfuñar.

Mateo Ramírez, cuyos momentos musicales son enormemente disfrutables, se queda seco frente a la falta de matices de Thiago, y ahí donde el resto del elenco mantiene una cierta energía viva, él toma la caracterísitca hermética del personaje y la interpreta como apagada. Y se sella. Su Thiago es entonces una pared. Y ahí donde podría tener momentos divertidos de comedia inoportuna y nerviosa con Carolina, motivados por su incapacidad de hablar de forma frontal, su Thiago sólo balbucea frases y se presenta como enormemente distanciado y retraído. Al punto en el que deja de ser conveniente para la historia y se convierte en un, ¿qué le vería ella a alguien como él? La química que haría funcionar el que al final duela que esta pareja no pueda estar junta, no existe, porque en Thiago no existe ningún tipo de apetito que no sea por tocar la guitarra.

Alberto Quijano elige una producción sencilla, pero batalla por encontrar concepto. Un telón blanco al fondo que rompe con todo tipo de estética mantiene una apertura triangular que hiciera ver como que el relato sucede dentro de una casa de campaña, muy fuera de contexto con el tema urbano del musical. Por un momento se asoma una idea que pudiera ser interesante cuando Feli y Rama dibujan con gises en el suelo parte de la arquitectura del lugar, pero el elemento nunca va más allá y al poco tiempo de haber sucedido se olvida. Esa misma idea llevada al montaje entero le hubiera podido dar una personalidad y símbolo completamente diferentes, pero hay poco compromiso con sostenerla viva.
Una desfavorable y sucia iluminación rojo colorea gran parte del montaje, no sólo de forma excesivamente ilustrativa, pero además perdiendo todo tipo de impacto, tomando en cuenta que un tono tan intenso como el rojo, generalmente funciona sólo para momentos clave que a uno le interesaría acentuar. Visualmente Kilómetros se ve discordante y polvosa, y en un espacio como el Foro Contigo América que seguramente no está preparado para recibir un musical, los afoques terminan por jugarle en contra a las escenas manteniendo a algunos de los protagonistas completamente sumidos en sombras, mientras sus interlocutores brillan de forma dispareja. Lo recursivo no tendría que estar peleado con lo cuidado. Pero en Kilómetros el estilo termina por ser un pensamiento de descarte, ahí donde en realidad una historia divertida y peculiar como ésta se prestaría a dinámicas mucho más creativas.

A pesar de una dramaturgia que cojea para un porcentaje, y una dirección que aún puede llevar a sus actores a un tono más parejo y sin duda simpático, Kilómetros el Musical consigue atravesar como una historia entrañable. Y repito, finalmente verdadera. Porque en este mundo en el que vivimos es más útil escuchar un crudo «a él no le gustas tanto» que te lleve a darte tu lugar, que un «con amor todo es posible» que acaba siendo apologista. Si me leo duro con la puesta es porque creo en su potencial. Los músicales de formato chico e íntimo están viviendo un renacer, y nos toca disfrutar de su apogeo, pero no hay que confundir simplicidad con propuesta llana. Para que estas obras reclamen su merecido lugar en la cartelera, les toca demostrar que un musical de cuatro actores, un piano, una guitarra y una compañía que cree en ellos es tan grande y poderoso como cualquier cosa con pirotecnia.
Kilómetros el Musical se presenta los viernes a las 8:00pm en el Foro Contigo América.








