Gibrán Portela cuestiona aquello a lo que somos demasiado prontos en llamarle terrorismo contra aquél que se atreve a batallar el sistema en He Venido A Decirte, donde una serie de personajes enfrenta a un mundo opresor en una puesta donde es la generación zeta la que levanta la voz ante el conformismo, la apatía y las curas mágicas que no son sino falsa ilusión de armonía, en un montaje sombrío a veces demasiado oscuro literalmente en su mínima iluminación, y hambriento en sus ganas de mandar un mensaje de pronto hasta lo atiborrado.
He Venido A Decirte abre con una fotografía. Un mitin nazi donde todos los ahí reunidos parecieran haberse aliado a un discurso genocida, todos menos uno. Un hombre en medio de esta imagen negado a levantarse en porras en favor del Tercer Reich, ¿quién es esta persona? ¿y de qué manera su lucha silenciosa puede ser estandarte de aquellos que se niegan a nadar en favor de la corriente, cuando la corriente es tiranía?

Gibrán Portela (dramaturgo) se inspira entonces para abordar la revolución desde una variedad de ángulos con una serie de historias. Cuatro jóvenes que han secuestrado a un empresario que financía el sometimiento, dos de ellos encarcelados y negados a revelarle mayor información al sádico policía que encuentra su lucha inútil porque su visión de la vida es de mera superviviencia; una reportera que trabaja para un medio de ésos empeñados con ocultar la verdad en favor del poder, cuyo monólogo interno revela lo mucho que padece no poder alzar la voz; y una mujer en busca de tranquilidad y respuestas que acude con una gurú espiritual que termina por probar no ser sino lider de un culto, otro tipo de dominio disfrazado de bienestar.

No todas las historias terminan por aliarse encaminadas a un mismo camino. Ni a todas se les ofrece el mismo tipo de escrutinio o ímpetu combativo. La trama que lidera He Venido A Decirte es en la que participan los jóvenes libertarios, el empresario y el policía. Es el conflicto que realmente prepara la noción de aquello que socialmente, políticamente y mediáticamente es tratado como terrorismo, cuando en el fondo no es sino la radicalización del mismo sistema filtrándose por las orillas, implotando en busca de cambio cuando la olla express está por estallar.

Que es algo que vivimos actualmente. Es fácil prender la televisión, leer noticias ventajosas donde a ciertos grupos buscando defensa, salvación, escape o cambio se les tacha de terroristas en una narrativa manipulativa que intenta pintar los conflictos internacionales con lo blanco, negro, bueno y malo de las películas de Hollywood para poder villanizar al grupo cuyos intereses no son fortuitos para la autoridad. ¿No fue a la misma flotilla liderada por Greta Thumberg y encargada de llevar víveres y medicinas a Palestina sitiada a la que buscaron la manera de llamar terrorista?… ¿por llevar leche en polvo para bebés que están muriendo de hambre?

Cuando Gibrán Portela pone foco sobre esa dualidad y la interroga, He Venido A Decirte toma fuerza, incluso cuando voltéa a los laterales y se cuestiona, ¿qué está pasando por la cabeza de los presuntos periodistas que conscientes de estar reportando algo manipulado se paran frente a una cámara, frente a un micrófono a mentir con una sonrisa? Pasa. Y ahí tenemos a Fox News, al New York Post, a Variety eligiendo una postura sionista, MAGA, de ultra derecha en su cobertura de un mundo que han decidido maquillar a su conveniencia. ¿Quiénes son estos reporteros que cobran sus cheques al final de la quincena y se van a sus casas pretendiendo que todo está bien cuando saben que no lo está?

Esa historia tangencial tenía tanta más carnita para escarbar, pero Portela la lleva hacia lo literal, lo sobre expositorio y finalmente hacía el melodrama violento, cuando la mera psicología del personaje y la exploración de la postura del medio daba para una trama verdaderamente rica y relfexiva. Pero al menos permanece en sincronía con la columna vertebral de la premisa. No es sino hasta que decide mostrarnos a un culto suicida disfrazado de comunidad pro-wellness que He Venido A Decirte se sale hacia un callejón que no lleva hacia la misma avenida en absoluto. Una historia que hubiera podido dar para su propia obra de teatro, pero que forazada con calzador dentro del diagrama de venn termina por distraer y desenfocar lo que de otro modo hubiera podido ser mucho más penetrante.

Ricardo Rodríguez y Priscila Rosado (directores) toman un texto en efecto lóbrego y lo sumergen en un extra de taciturno. Se regodean en el submundo en una obra que no requiere de literalidad sobre literalidad, porque el texto ya carga con un mensaje contundente. Desde el vestuario, overoles repletos de frases libertarias y banderas oprimidas de todo tipo, que no hace sino ilustrar lo ya ilustrado; y hasta la iluminación que entiende lo negro de la premisa como la necesidad de una escena en sombras y la vuelve opaca hasta que cuesta trabajo ver a los actores, eso sí, eternamente alumbrados de las rodillas por dos luces en el suelo que no hacen nada sino romper con la armonía del cuadro y robar foco, ambos diseños de Fernanda García, este montaje de He Venido A Decirte tiene un exceso de ganas de escribir sus mensajes en letras mayúsculas y retacar con panfletos en cada poster de la calle.

Que por un lado hace sentido. Es la generación zeta la que llegó despierta y con ganas de cambio. Y esa actitud probablemente sea la que pinte el futuro de mayores posibilidades. Y la compañía Marea Roja está llena de jóvenes. El ímpetu se puede oler en el aire. Pero también la falta de edición. La exaltación por tomar una postura y enviar un potente manifiesto que sin nadie que le de camino y foco sale disparada hacia todos lados donde la falta de compresión termina por volverla ruidosa.

He Venido A Decirte tiene ganas. Muchas. Cosa que siempre será admirable. Pero hay algo aún inmaduro en su abordar un texto que ya de por sí es tésis sobre tésis. Un montaje brioso pero distraído en un mundo que en realidad haría mucho bien en escuchar la serie de mensajes que esta obra tiene para compartir. Y que si llegan a regresar para una segunda temporada, aún tiene espacio de evolución para que todo este cúmulo de promesa se vuelva realmente el puño levantado y el grito aguerrido que tiene el potencial de ser.
He Venido A Decirte se encuentra actualmente fuera de temporada en Teatro la Capilla.








