Personajes irredimibles en una ciudad irredimible se portan como literales payasos camino al matadero en Un Show De Idiotas, una irreverente farsa con la que una muy joven compañía hace grotesca sátira social de lo más ácida y divertida en una convención guiada por lo ridículo que no deja de ser este tipo de ficción presuntamente exagerada que termina por parecerse peligrosamente a la vida real.
No se dejen engañar por esta obra en matiné y maquillaje clown, Un Show De Idiotas es definitivamente una propuesta para adultos, incluso si la compañía detras de este montaje es en realidad muy joven. Un anfitrión tuerto y en sombrero de copa nos recibe en el teatro para pronto revelarse como un diablillo. Un pícaro narrador representativo de un cierto cinismo y sarcástica falta de civilidad que reconocemos a nuestro alrededor, pero llevada a exposición exótica.

Este anfitrión da acceso a los varios personajes de la historia que entran con su número musical de apertura, muy en el estilo del cabaret, para situarnos en este universo donde lo patético y moralmente cuestionable es ley de vida, y las muchas parejas, tríos y grupitos que poco a poco encuentran la manera de conectar sus trágicas historias. Entre ellos, un chofer de camión que ha aprendido a atropellar antes que darle oportunidad al seguro de meter su cuchara; un hombre que sólo quiere cumplirle a su esposa el sueño de tener un escusado presumible con sus vecinas, cuya historia parece inevitablemente ligada al trono más democrático de todos… la taza. Una mujer preparada para endeudarse con una air fryer, pero que para lograrlo necesita un préstamo de su hermana diputada, o quizá de su hermano sacerdote auto confesado enamorado de un adolescente. Y para conseguirlo está dispuesta hasta a secuestrar a un ajolote.

Vaya, ustedes entienden el tipo de pintoresco que Ricaño escribe en Un Show De Idiotas. Personajes sin duda patéticos, ciegos a una realidad que han convertido en aspiración, libres de filtros que les representen algún tipo de responsabilidad u obligación moral, retratados por Mauricio Torres (director y también actor) pertinentemente como clowns, porque a los idiotas los tragamos mejor cuando se presentan adorablemente estúpidos, que cuando nos acordamos que en realidad están allá afuera caminando entre nosotros, viéndose normalitos.

Y en este estilo que pudiera ser similar al de La Familia Burrón de Gabriel Vargas, en esta forma de utilizar la poca conciencia de cierta idiosincransia mexicana como franca tira cómica, es el elenco el que termina de ponerse la ridiculez de estos personajes como capa sobre los hombros de un Rey. Empezando por el mismo Mauricio Torres, que interpreta a dos hombres de estratos distintos, unidos por una cierta cobardía y la necesidad de probarse, y encuentra en ellos ese vínculo que pareciera tenerlos tomados de la mano. O Leo Preyes cuyo bruto enamorado es enormemente tierno, pero donde se roba aullidos del público es en los breves momentos en los que interpreta a un investigador de la policía, clavado con hablar inglés, completamente perdido en su caso.

Luis Márquez es terrorífico hasta la carcajada incómoda como el padrecito que no ve error alguno en su obsesión con un menor de edad, que por supuesto él ha procesado como amor, y Nataly Losal que hace algo más perturbante que cómico con esta mujer entercada con comprar un aparato de cocina, que está dispuesta a llevar a las últimas consecuencias para conseguirlo, mientras fragua constantemente cómo mentir, engañar y reírse de todo el asunto con un toque sádico a la forma maquiavélica con la que pretende manipular a los propios miembros de su familia. No puedo dejar de mencionar a Daniel Bolaños como este anfitrión que pareciera haberse escapado de Hazbin Hotel, y cuyos momentos más brillantes suceden curiosamente antes de la tercera llamada, cuando se le da oportunidad de convivir con el público esperando en sus butacas.

Un Show De Idiotas no tiene mucho más en escena en realidad que a su gente, que es en toda medida todo lo que necesita, porque además tiene muy clara su personalidad. Una farsa ingeniosa sobre la falta de ingenio. Una fotografía sobre el tipo de idiota que cuesta trabajo creer que existe, pero que sabemos que estas historias tan disfrazadas de una ficción estrafalaria son en realidad comunes como el bolillo en la mesa. En un montaje donde la carencia de dos dedos de frente termina por resultar estimulante en esta muy literal representación de mejor reír para no llorar.
Un Show De Idiotas se presenta los sábados a la 1pm en Foro Shakespeare.








