Una comedia conversacional, El Quinto Paso se aferra a un matiz ligero y monotonal, y en busca de líneas que provoquen risas pierde la tensión que podría darle progresión a la trama, para permanecer más como un sketch, que en manos de un director laudeado, Daniel Veronese, y dos enormes nombres de la escena, Memo Villegas y Arturo Barba, consigue pasar por simpática y fnalmente agradable, ahí donde el texto mas bien busca confrontacional y punzante.

Cuando The Fifth Step (El Quinto Paso) de David Ireland estrenó en Londres la llamaron siniestra, provocadora, incómoda, oscura y ácidamente divertida, todos adjetivos que para el montaje de Daniel Veronese en el Teatro Rafael Solana están completamente ausentes. El texto pide un riesgo que Veronese y su elenco, Memo Villegas y Arturo Barba, simplemente no están dispuestos a tomar. Y tal vez es en noción del tipo de público que acude a ver a Villegas o al mismo Teatro Rafael Solana, pero da la impresión de que en vez de explorar las vulnerabilidades detrás de la sobriedad para dos hombres alcohólicos, este equipo está mucho más interesado en la risa sencilla y frecuente.

El Quinto Paso
Fotos: Pili Pala

De modo que cuando en sus primeras líneas, Memo Villegas comienza a referirse a los hombres gays como predadores, la actitud que Ireland escribe con toda la intención de analizar ciertos patrones de masculinidad, y finalmente exponer al personaje de Arturo Barba como un hombre en realidad pretendido y enmascarado, se acaba convirtiendo en un chiste para la gente que escucha la palabra «puto» y la encuentra hilarante. Una dinámica que se repite seguido durante la puesta donde los mensajes en la dramaturgia quedan enterrados por la fascinación con la risa y el aplauso, haciendo de El Quinto Paso una comedia simple, y no tanto una comedia negra que indaga en temas de vulnerabilidad, espiritualidad y finalmente superioridad moral.

Sentados al interior de un pentagrama, con cinco sillas a su disposición, porque Veronese se recarga en el cinco del título, tal vez para recordar que en numerología el cinco es el número del cambio, la adaptación y la exploración de lo desconocido, o tal vez sólo como guiño al nombre y motivo de la obra, dos hombres conversan en lo que pareciera ser el salón de una junta de Alcohólicos Anónimos. Luca es nuevo en el programa y Jaime está tratando de convencerlo de conseguirse a un padrino, sin meter su propio nombre en la boleta, pero prácticamente suplicando entre líneas ser él el elegido.

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La meta es llevar a Lucas al quinto paso del proceso de rehabilitación, aquél en el que la persona alcohólica se confiesa con alguien de su entera confianza para desahogar cualquier tipo de culpa, dolor o resentimiento que lo pudiera llevar a una recaída. Pero para llegar ahí, primero estos dos hombres tienen que conocerse… y reconocerse. De modo que la obra funciona como un escaparate de una serie de momentos en el tiempo conforme Luca y Jaime van creando una relación. Y es enteramente conversacional. Mientras Luca batalla con soltar sus propios prejuicios y armarse incluso de una nueva fe (tal como le ha pedido Jaime), Jaime se sube en un escalón moral desde el cual asume un papel de tutor, incluso de pronto de padre (dado que el hijo al que llama mejor amigo y él ya casi no tienen contacto) y desde una cierta prioridad por ser necesitado y acudido va acompañando a Luca, tratando de sostener la máscara de hipocrecía que él mismo se ha impuesto para poder ser visto como un padrino ejemplar.

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David Ireland escribe a dos hombres en busca de redención parados en lados opuestos del espectro de la recuperación. Para Luca el esfuerzo es verdadero, y aunque el programa de los 12 pasos viene a confrontar lo que sabe, lo que conoce y lo que siempre ha sido, su avidez lo lleva a buscar opciones que antes jamás hubieran pasado por su cabeza, desde tomar un té de manzanilla en un bar y hasta encontrar en Jesús la motivación para sostener su fuerza en la creencia de un ser supremo que lo acompaña y le da señales. Y cuando comete errores, que lo hace y está consciente de ellos, los asume como parte de su naturaleza y renuente se presiona a corregirlos.

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Jaime busca perfección donde el hombre es imperfecto. Disfruta de sentirse escuchado ahí donde tal vez en su vida no son tantos los que le prestan un oído, y prefiere maquillar sus tropezones para negar que incluso con su experiencia en el programa, él está aún lejos de poder decir que ya ha encontrado su camino. Tiene buenos consejos para dar, probablemente los mismo que él escuchó alguna vez, pero eso no sifnifica que él mismo sea capaz de seguirlos. Compite contra el mismo Dios por la atención de su apadrinado, y cuando la ilusión de sabiduría se le empieza a desquebrajar, acaba convirtiendo su temple en paranoia.

El Quinto Paso

El encuentro entre estos dos personajes como propone Ireland es en realidad confrontativo. Entre plática coloquial y develamiento de secretos, Luca y Jaime se van viendo reflejados en el otro, al tiempo que van descubriendo a la persona detrás del supuesto, y entendiendo que el quinto paso no es una única confesión magnánima, sino todas las revelaciones de personalidad que le han ido ofreciendo al otro en el camino, y que poco a poco los ha ido liberando de sus máscaras. El Quinto Paso tiene una progresión dramática sutilmente entretejida en estos instantes aparentemente fugaces, y conforme las capas van cayendo, la tensión tendría que aumentar hacia una resolución y un último cuestionamiento: ¿quiénes son ellos detrás del programa que les da motivo?

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Daniel Veronese afloja el cinturón del conflicto y pide de la escena coloquialidad absoluta. Cuando hablan, hablan porque están platicando, y no tanto porque inconscientemente se estén desvalijando el uno frente al otro. Sus referencias no podrían evocar nada detrás. Cuando Luca asegura haber visto a Willem Dafoe en su gimnasio y entender eso como una señal divina, se pierde en el discurso que más allá de un legendario actor, Willem Dafoe es en efecto el Jesús tentado de Martin Scorsese, y por tanto no cualquier mención, pero un franco símbolo. Luca sueña a Jaime -y eventualmente lo ve- como el Conejo de Pascua comiéndose sus propios huevos. Y en un texto que cuestiona la espiritualidad como una salida de emergencia, el tema resurección, Pascua y la alegoría del Conejo como la celebración de nueva vida alimentándose de sus propios regalos no transita más allá de un visual gracioso en cuanto Arturo Barba se para en escena con un disfraz de conejo rosa enormemente irreverente.

El Quinto Paso

En un tono que nunca genera mayores matices, la tensión se transforma en una serie de sketches donde el público está esperando de ambos actores que fraseen sus líneas con cierta gracia para poder reír de lo que dicen, y no tanto de lo que implican. Y si hay alguien que tiene la capacidad de soltar cada diálogo cargado de humor con el ritmo y el timing de un comediante, ése es Memo Villegas. De modo que le termina por resultar cómodo y fácil simplemente acudir a sus fuertes sin cuestionar él mismo a Luca y la manera en la que de pronto se aferra con uñas y dientes al hombre que fue, para en segundos citar la Biblia y sentirse aliviado. Arturo Barba a su lado toma con más paciencia y naturalidad a su Jaime, pero no es sino hasta muy al final que lo hace pasar de 0 a 100 en cuestión de un intercambio de diálogos, sin mucho permitirnos ir cachando las fricciones y grietas en el personaje que se le ha ido filtrando desde antes.

El Quinto Paso

Veronese arma una escena sencilla y evita otros muchos trucos que hubieran ensuciado una escena que no requiere en realidad más que de dos actores, un texto incisivo y revelaciones disfrazadas de plática cualquiera, pero olvida llevar a sus actores a pisar una cierta oscuridad que haga de esta comedia una con la que se ríe con los dientes un poquito apretados. Finalmente estamos descubriendo a dos hombres a los que les toca cuestionarse las estructuras que aún sostienen a muchos en el público que los están mirando, y tendría que haber una inevitable carga de incomodidad en esta comedia que viene a decirle a su audiencia, ¿a poco no tú también tienes un poco de esto que este par se está replanteando para salir del fondo de la botella?

El Quinto Paso se presenta viernes, sábados y domingos en el Teatro Rafael Solana.