Un intenso ejercicio de dirección por parte de Bruno Bichir, El Canto De Los Grillos encuentra en la repetición el tipo de espiral en el que se ven atrapadas las personas que tienen familiares desaparecidos, que les impide continuar una vida en línea recta, en un texto de Valeria Fabbri más bien pensado para la escenificación, y un grupo de actrices que se vuelcan a la desolación de un dolor que las lleva de lo impensable, a la flagelación y de vuelta a la empatía para finalmente recordarnos que para este tipo de violencia no existe algo como el cierre.

El Canto De Los Grillos

Un escenario pensado en planos. Bruno Bichir (director) nos recibe en El Canto De Los Grillos con una dramática coreografía mucho antes de la tercera llamada. Sus actrices danzan de forma violenta en una escena dividida por cortinas que van develando un fondo con otros páneles igualmente semi-cubiertos, para finalmente descubrir una gran puerta azul al fondo. Un complicado aparato que a la isóptica le resulta de pronto estorboso, pero que no deja de funcionar como un laberinto cuyo significado queda eventualmente muy claro, cuando accedemos al turbulento pensamiento de nuestro protagonista.

El Canto De Los Grillos

Una madre cuya hija lleva años desaparecida, pero a diferencia de otros muchos casos similares, ella sabe perfectamente quién la raptó. Un niño, no mayor a 15, tal vez 16, tal vez 17 años en la nómina de una cabeza que mueve presuntamente todo un negocio de trata de blancas. Detrás de la puerta azul, la madre tiene ahora secuestrado a este adolescente. ¿Y su plan? Ni siquiera ella lo tiene claro. Amigas y familiares se reúnen en casa con ella para decidir qué hacer con él. ¿Puede realmente regresarle a su hija, tiene siquiera ese poder? ¿Es la venganza entonces la respuesta cuando todo lo demás se ve perdido? ¿Pueden ellas salir limpias después del ojo por ojo ante una ley que no ha movido un dedo por regresarles a su ser querido?

El Canto De Los Grillos

Valeria Fabbri (dramaturga) inspirada en «Las Justas» de Jaime Chabaud no plantea el desarrollo de un plan estratégico y las manos a la obra de una mujer de acciones, sino una cápsula de tiempo. Un momento en el que cuatro mujeres (una de ellas interpretada por dos distintas actrices) están en realidad atrapadas en el limbo del no saber qué hacer. La primera decisión, aquella que en realidad no vimos, fue tomada quizá de forma impulsiva. El «niño» ya está secuestrado, ya está en la casa. El Canto De Los Grillos comienza y termina con el ¿entonces qué sigue?

El Canto De Los Grillos

Para lograr enclaustrar a sus mujeres en este círculo sin salida y sin tiempo fuera, lo que Fabbri propone es entonces un bucle. Un mínimo de progesión dramática, y más bien un complejo ejercicio de repetición que no lleva a ninguna parte, pero que enreda a sus protagonistas en el tipo de reincidencia febril que una persona obligada a reavivar una y otra vez memorias y acciones para entender qué pasó, qué pudo haber hecho distinto, qué hizo ella mal y qué tipo de planes habría de hacer para solucionarlo, estaría ciclando continuamente en su cabeza.

El Canto De Los Grillos

Bruno Bichir toma esta complicada instrucción y plantea entonces una repetición a prueba y error. Usa este laberinto que tiene creado en el Foro Shakespeare, para que estas mujeres puedan probar todo tipo de acercamientos a sus pláticas, sus reflexiones, sus enfrentamientos, sus decisiones. Las teletransporta de tono en tono, de intención en intención, y para cuando finalmente aparece el personaje de la hermana de la protagonista (la tía de la niña desaparecida), la presenta como dos mujeres completamente distintas, de pronto interactuando en simultáneo. Las máscaras que nos ponemos en casa de emergencia, el papel que tenemos que representar. El resultado es convulso, caótico y auditivo (porque de pronto son los sonidos los que llevan la pauta de la acción), pero finalmente vehemente y emocional. Todo acompañado por una coreografía impetuosa de movimientos precipitados que en conjunto hacen de El Canto De Los Grillos una pieza de pronto maximalista, de pronto atrabancada.

El Canto De Los Grillos

Al frente de esta enmarañada propuesta se encuentra una magnífica Cecilia Tamayo que se suelta con absoluta sensibilidad a la desesperación de esta mujer arrinconada y sin opciones, y se para como el centro de gravedad de una puesta que requiere poder orbitar alrededor de ella para que cada elemento encuentre su lugar. Una actriz soberbia y potente que mantiene el portento de la obra incluso cuando la exaltación amenaza con sacarla fuera de los rieles. Junto con la puerta azul al fondo, que apenas si alcanzamos a ver en realidad, son las dos piezas del tablero en las que uno puede fijar la mirada para encontrar el peso y la verdad en lo que se está diciendo.

El Canto De Los Grillos

Para el cierre, El Canto De Los Grillos toma un giro cuestionable y busca entrar en la mente del tratante de blancas para encontrar quizá en los rincones algún tipo de apología, y entonces sí la obra se mancha con pintura de otra cubeta. Desde el inicio de la puesta se maneja una alegoría sobre un conejo perdido en el bosque, ahí donde hay lobos, que lo único que debe hacer para estar a salvo es esperar la llegada de su mamá. Pero para el final, la metáfora gira 180º grados y se pregunta, ¿sí, pero alguien ha pensado en lo que le tocó vivir al lobo? ¿De dónde viene y qué le pasó a él que lo transformó… que quizá lo obligó a ser depredador? Comprensiblemente Valeria Fabbri busca tal vez entender un problema que no puede ser simplemente blanco y negro, pero en el hacer del lobo su propia versión de víctima, más que analizarlo termina por apologizarlo. Y El Canto De Los Grillos acaba en una nota más astringente que agria.

El Canto De Los Grillos

Una propuesta que sin duda intriga en su capacidad de ser un tejido fino y artesanal para precibirse como un trenzado intrincado, que en su hechura tiene una teatralidad de ésas que mueve fibras adentro del cuerpo desde un lugar apasionado, con un elenco que toma lo críptico para hacer con eso nervio, hueso y lágrima, y a pesar de que lo impecable sea imposible, la que crudeza es lo que terminan por rescatar, que es mucho más importante. El Canto De Los Grillos, como su complicado tejido de páneles que alumbran y oscurecen, no siempre ofrece luz ahí donde el foco es el más pertinente, y no siempre bruma lo que requiere de su propia neblina, pero una cosa es cierta, se arma con una personalidad y estilo muy único para salir a contar lo que se ha contado ya tantas veces, y darle un filtro propio.

El Canto De Los Grillos se presenta martes y miércoles a las 8pm en Foro Shakespeare.