Ha llegado la cuarta entrega de la famosa e histórica The Predator (Depredador), dirigida por Shane Black y producida por la cadena 20th Century Fox, y nosotros le estamos llamando “la secuela más innecesaria de la vida”.

El elenco está compuesto por (muchos) actores, varios de ellos muy reconocidos, como Sterling K. Brown, Jacob Tremblay, Olivia Munn, Keegan-Michael Key, Thomas Jane, por mencionar a algunos y protagonizada por el menos conocido Boyd Holbrook, lo que provoca el efecto Avengers, que parece estarse poniendo de moda, donde simplemente se introducen a demasiados personajes como para seguirles la pista a todos.

No te preocupes si eres demasiado joven y no has visto las películas que preceden a esta nueva entrega, a lo largo de la película se te contestarán todas las preguntas que te pudieran surgir, pero básicamente esta secuela repite la misma fórmula de terror y acción que las cintas pasadas: un extraterrestre de una raza guerrera llega del espacio a las calles de un pequeño pueblo y -nuevamente- empieza con la cacería de seres humanos.

Como esperado, es una película llena de violencia y sangre innecesaria con escenas bastantes grotescas, claramente poco recomendadas para personas sensibles, chavitos menores a 15 años y personas que tengan sentido del humor fino… así es amigos, esta Predator intentó incursionar en la comedia y evidentemente falló.

Lo que marca una diferencia entre esta película y las anteriores es el hecho de que las habilidades del Depredador han sido mejoradas genéticamente, convirtiéndolo en un arma poderosísima que un grupo de exsoldados, un niño extraordinariamente inteligente y una doctora (bióloga) deben vencer si quieres sobrevivir un día más.

Como cintas del género estilo Split han demostrado, para tener un buen filme de suspenso no es necesario retacar de actores, es más, ese presupuesto utilizado en el cast es mejor aplicado en otras áreas que definitivamente pudieron haber hecho más por Predator…empezando por mejores guionistas. La capacidad actoral no está en duda, cada actor que sale en la película realiza su mejor trabajo, pero algunos, la realidad, salen sobrando.

Debido a la excesiva carga de personajes resulta difícil que la película fluya de manera natural, es decir, la cinta se ve obligada a hacer uso de una edición confusa de cortes agresivos donde le pierdes pista a los personajes que parecen teletransportarse de un lugar a otro en un parpadear.

Al ser una película deFox no podía caber duda del buen trabajo realizado en postproducción (efectos especiales) y el gran nivel que manejan en este ámbito, aunque hay que decir que de vez en cuando nuestro antagonista se ve un poco (mucho) computarizado…

Es muy evidente que el argumento está basado en apelar a la nostalgia de los jóvenes -ahora adultos- de la década de los ’90; y te preguntarás ¿por qué es evidente?, la respuesta es muy simple: los únicos que se reían en la sala -de los excesivos chistes-  eran los adultos mayores a 25 años. Y eso representa un problema de audiencias, más tomando en cuenta que el espectador promedio de cine de terror suele entrar en el demográfico de 15 a 35.

“Ya siéntese señora”, así definiría esta película. Una más de las secuelas innecesarias con las que Hollywood está obsesionado y que cada vez nos hacen desear más que ésta se la última. Palomera sí es, si lo que buscas es desconectarte y no pensar, cumple su cometido, ¿una buena película? ésa es otra historia.