Élite, que es todo un throwback a Gossip Girl, resulta sorpresivamente entretenida, misteriosa y llamativa como para sostenerse por sí sola pese a sus obvias referencias.

¡Tenemos nuevo guilty pleasure! Y como todo guilty pleasure la realidad es que Élite no es perfecta y cae más en el umbral de lo kitsch que de lo magnífico, pero de una forma tan correcta y entretenida que la fórmula nuevamente demuestra que sigue funcionando y es perfecta para un maratón de capítulos en Netflix.

Como en tantas otras series de adolescentes que han pegado en los últimos años, dígase Riverdale o Pretty Little Liars, Élite comienza con un asesinato. La policía investiga la muerte de una alumna en el selectivo Colegio Los Encinos y varios estudiantes en distintas etapas de shock están siendo cuestionados. Se levanta la interrogante, ¿quién la mató? Y de ahí regresamos al inicio de la historia en flashback.

Una escuela para estudiantes de clase media/media baja se cayó debido a su pobre construcción, y para reponer la pérdida unos cuántos alumnos de ahí fueron elegidos para ser becados y estudiar al lado de los “pijos”, ricachones de sociedad y futuros líderes del mañana que atienden a Los Encinos. Desde su llegada, los tres protagónicos becados son recibidos peor que la malaria, y la diferencia de clases se hace obvia desde el segundo uno, un poco como le pasó Dan y Jenny Humphrey en Gossip Girl, y como así Dan, Samuel -nuestro trágico héroe- se ve rápidamente atrapado en las redes de una de las niñas populares-pero rebeldes que estudia en su misma aula. Su Serena van der Woodsen.

De ahí la historia se desarrolla como las telenovelas que los españoles están acostumbrados a regalarnos, mezclando el misterio del asesinato (que funciona como un arco narrativo mayor para la temporada) con los pequeños conflictos amorosos, amistosos y sociales que son la verdadera carnita de los episodios.

Personajes perfectos y hermosos, como siempre tienen que serlo en este tipo de series, se ven enfrentados a la discriminación religiosa, la seducción como trampa, la homosexualidad reprimida, la sexualidad exacerbada, el peligro de las adicciones y todos esos obstáculos que para un estudiante de prepa formulan su propio conjunto de círculos de infierno de Dante.

Pero ahí donde las locales televisivas fallan en su construcción, Élite resulta bastante gratificante en su presentación con un elenco enormemente cautivante y atinado; entre ellos la mexicana Danna Paola que disfruta su momento Blair Waldorf como la más p*rra del colegio, soltando caras e insultos que desde ya deberían de convertirse en meme, pero también otros como Miguel Herrán en el papel del desparpajado Christian que se vuelve un favorito desde el primer instante, o Ester Expósito, la femme fatale del colegio que se respira como un personaje tan abierto en su sexualidad cuyo arquetipo es raro ver escrito para mujeres (y se agradece que así lo sea), o Mina El Hammani, la niña musulmana de la escuela que parece recién salida de un guión de Shonda Rhimes.

Lamentablemente, y como pasa tan seguido en este tipo de series, Samuel (Itzan Escamilla), que es el planeta alrededor del cual los demás orbitan, se siente como el más flojo y aburrido de los personajes y, pese a que su historia es motor de Élite, sus escenas definitivamente no son las que dan color a la segunda serie original española de Netflix.

De trama repetida y resolución predecible, Élite jamás será comparada con las grandes producciones de Netflix, pero funciona y entrega el entretenimiento que promete. Perfecta para ver de golpe en una sola tarde y disfrutarla por lo que es, no el café artesanal, pero el frapuchino de Starbucks, uno dulce que satisface y que probablemente teniendo la oportunidad, la vuelvas a pedir y hasta con más crema batida.