Jorge Volpi reimagina la relación entre los poetas Sylvia Plath y Ted Hughes, y su amorío con otra poetisa Assia Wevill, que en el texto de Las Agujas Dementes termina con el suicidio de Plath en el horno de su casa, en una puesta por Benjamín Cann que no es forzosamente una exploración sobre la salud mental, sino una especie de triángulo (cuarteto, francamente) amoroso, que en personajes de personalidades intensas y sensibles, como lo son las de los poetas, no podía sino acabar en tragedia para todos los involucrados.

En el año 2001 un psicólogo llamado James C. Kaufman nombró «el efecto Sylvia Plath» a una investigación que presuntamente demuestra que aquellos dedicados a la poesía (especialmente las mujeres) son más susceptibles a sufrir algún tipo de padecimiento mental por encima de otro tipo de escritores. Más allá de los tonos ciertamente misóginos en un reporte que pareciera ensañarse con las poetisas, lo cierto es que la historia personal de Sylvia Plath, tan espejeada en su propia novela The Bell Jar, ha sido caso de estudio sobre la depresión para muchos por venir desde los años 60’s y hasta la fecha.

Las Agujas Dementes

Jorge Volpi (autor) toma un segmento de la vida de Plath sucedido en 1962. Un encuentro real entre Sylvia y su esposo Ted Hughes con otra pareja de poetas, David y Assia Wevill, a quienes les rentaban su departamento en Canadá y que invitaron a visitar su nueva casa en Inglaterra, donde Ted y Assia comenzaron un amorío que terminaría en el divorcio de Plath y Hughes. Ésa es la anécdota de la vida real que Volpi dramatiza, imaginándose estas reuniones, las pláticas, los encuentros y que de algún modo vira en una narrativa que señala a esta infidelidad como la gran culpable del suicidio de Silvia Plath.

Las Agujas Dementes

Las obra focaliza a estas dos mujeres, Sylvia y Assia, para hacerlas girar en torno a Ted como manecillas de reloj, y las enfrenta en una puesta que es sin duda apasionante y profunda, pero que deja fuera otros muchísimos detalles que hacen de la salud mental de Sylvia Plath y su batalla de años con depresión clínica mucho más complejas que un corazón roto; y que de cierta manera quizá inconsciente retrata a Assia Wevill de forma maquiavélica y voluntariosa, de algún modo presentándola como la artesana detrás de un amorío con intenciones provocativas, nuevamente, la amante de un hombre, disruptora y voluble que también terminó con su propia vida, por encima de una mujer cuya salud mental se vio severamente afectada con temas de inseguridad y paranoia, y un Ted Hughes que ella misma describía que la trataba como su «ama de casa».

Las Agujas Dementes

Las Agujas Dementes tiene mucho jugando a su favor, no me malentiendan, como texto y montaje trabaja con diálogos ingeniosos y personajes intrigantes, y la escena que crea el director Benjamín Cann tiene sin duda una dinámica llamativa, y una confrontación que rompe con la cronología para presentarnos actos y consecuencias con ojo potente, sólo cuestiono si el texto de Volpi termina por caer en el mismo sesgo que la investigación de Kaufman al hacer de las mujeres en la historia la parte reactiva y perturbada, su denominal «dementes», mientras al hombre detonante se le voltea a ver con mínima afección, sin ningún tipo de dureza a sus agravios violentos con ambas mujeres que incluso llevaron a Sylvia Plath a confesar en cartas a su terapeuta que Ted Hughes la golpeaba. En Las Agujas Dementes Ted termina pintado como un hombre de cascos ligeros, narcisista e inmaduro al asumir cualquier tipo de responsabilidad, pero poco más que eso. Un hombre siendo hombre.

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La escenografía de Matías Gorlero con versos de poesía escritos sobre papeles que cuelgan del techo como los Ema cargados de deseos que se cuelgan en los templos japoneses, nos recuerdan constantemente que estamos en las cabezas de estos personajes que viven de sus pensamientos y sus emociones, al tiempo que mantiene de forma focal y prioritaría en una esquina del cuadrilátero que funciona como escenario el ominoso horno de gas. La escena es preciosa, como un bosque repleto de mariposas que no son sino versos, pero al mismo tiempo pesa con la crudeza de lo que todos ahí sabemos que terminará pasando.

Las Agujas Dementes

Y el vestuario de Estela Fagoaga es inteligente en la forma en la que confeccionado a un estilo burgués de los 60 nos presenta de forma clara quién es cada uno de estos cuatro personajes, en sus formas absolutamente distintas de enfrentar la vida, y en el caso de Sylvia y Assia, la feminidad y la maternidad, que eventualmente se entrecruzan cuando Assia comienza a usar piezas del clóset de Plath. Escena compleja que se completa con las interpretaciones de un elenco magnífico. Paulina Treviño como Sylvia es vulnerabilidad pura, y es curioso que sea en sus momentos como observadora o sus francos instantes de silencio y sólo miradas a la distancia, donde encuentra en la pausa ese reflejo de una mujer que lleva una vida batallando por librarse del fantasma de la depresión.

Las Agujas Dementes

Mientras Ximena Romo entra seductoramente incitante y se vuelve alborotadora quizá desde la necesidad de romper con la rutina a martillazos. Ella y Paulina son versos distintos de un mismo poema. Un inicio y un final que conocen la misma oscuridad pero la asumen desde miradas contrastantes. Finalmente son ellas las que hacen de Las Agujas Dementes una obra de teatro vibrante, con una fuerza más terrosa, que es Tizoc Arroyo en el papel de Ted, un ego que no puede dejar de desvestir el traje de oveja de este lobo; y una fuerza airosa que es Misha Arias como David, el lado opuesto de la masculinidad, un hombre que ama desde la capacidad de dejar libre a la otra persona, y que ante el peligro está cegado por la emoción casi pueril de estar frente a uno de sus grandes héroes en las letras.

Las Agujas Dementes

Las Agujas Dementes es teatro del cuidado, de ese que hila y construye laboriosamente a sus personajes, y va sumando escenas como capas a un grabado; que entiende de ritmo y de tiempo, y no tiene prisa por llegar a una conclusión que ya todos conocemos, pero está mucho más interesado en los momentos y ramificaciones. Volpi no pretende un documento biográfico y eso es una certeza, y en hacer a un lado lo verdaderamente sucedido pierde oportunidades más certeras sobre su personaje de estudio y exploración, pero lo que sí asume lo hace con fondo y búsqueda, y eso es innegable. Era la misma Sylvia Plath la que decía que para romper con lo limitado hay que buscar vivir y sentir todos los matices, tonos y variaciones de la experiencia mental y física posibles. Y este montaje intenta llevarnos por ese recorrido.

Las Agujas Dementes se presenta jueves, viernes, sábados y domingos en el Teatro El Granero del CCB.