Esquilo adquiere un nuevo significado en las manos de Mauricio García Lozano con Las Euménides, la pieza que cierra la tetralogía «Proyecto Espiral» de la CNT y que retoma el juicio de Orestes por matricidio, tal como se propuso en la antigua Grecia, para después cuestionar su pertinencia en un presente para el cual la palabra justicia ha ido adquiriendo nuevos significados, y donde la democracia ya no pinta como la resolución más recta e imparcial porque ha sido puesta demasiadas veces a prueba y fallado como para seguir convenciendo como designio divino de objetividad.

El Proyecto Espiral de la Compañía Nacional de Teatro cierra con broche de oro, y no sólo de oro, pero de forma hermética y contenida con Las Euménides, la puesta culminante que consigue ser su propia cosa al mismo tiempo que retoma, hace homenaje y juega con todas las propuestas anteriores de los directores que pasaron por la serie para señalar el vicioso camino en este ciclo de violencia del que nos quiere hablar la tetralogía, y teniéndolo frente a nuestros ojos como evidencia poner a juicio el caso, no sólo ante los dioses, pero frente a una audiencia en vivo cuyos representantes realmente adquieren voz y voto en un caso complejo de perdón o castigo.

Las Euménides de la CNT

Sabemos que Orestes asesinó a su madre Clitemnestra, se nos mostró en «Electra». ¿Y por qué lo hizo? Porque a su vez, Clitemnestra mató a Agamenón, su esposo y padre tanto de Orestes como de Electra y otros más, lo vimos en «Más Vale Morir». ¿Por qué? Porque Agamenón buscando vientos favorables y siguiendo una profecía buscó sacrificar a su hija Ifigenia previo a partir para Troya ante las súplicas desesperadas de Clitmenestra, así comenzó la saga en «Ifigenia en Aúlide». Una familia marcada por la sed de venganza, de cierto modo títeres de dioses que dispusieron de ellos para cometer crímenes de sangre, ¿en busca de qué? donde el sanar no es realmente posible.

Las Euménides de la CNT

Diosas más antiguas que aquellos del Olimpo, las Euménides, representantes de la culpa y el arrepentimiento, comienzan esta nueva entrega acosando a un Orestes que carga con el peso del matricidio, al tiempo que aconsejado por el dios Apolo, quien le ha dado su entera bendición, escapa buscando más huida que redención. Pero las Erinias no lo pueden soltar. Retratadas en esta visión de Mauricio García Lozano como salvajes, impulsivas y seres de rotunda emocionalidad por encima de cualquier tipo de razón, las Euménides aúllan y se retuercen con la mera existencia de Orestes en libertad. Son su único castigo, y él, de algún modo, el de ellas. Porque lo sufren.

Las Euménides de la CNT

Con cierta individualidad pero funcionando en un unísono, como un cuerpo de varias cabezas, la pura convocatoria de elenco para este montaje consigue algo muy puntual que decir. Cuando las Erinias se quitan los velos que las cubren, entre ellas se asoman las caras de Ifigenia, de Clitemnestra, de Electra, no tanto porque los personajes que ya pasaron en el serial se vean replicados nuevamente, pero porque son las actrices el mero guiño que García Lozano necesita para que el mensaje quede claro: a Orestes no lo está calcinando una culpa cualquiera, es una que tiene rostros y nombres, y son los de su familia.

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Pero finalmente las Euménides no pueden entregar juicio, ellas son sanción. De modo que es Atenea, la que buscando una respuesta justa y legal, justificada por la recién encontrada democracia griega, decide montar un juicio para Orestes, donde ella y el mismo Apolo son covocados ante un jurado conformado por unos ocho miembros de la audiencia, que son encaminados al frente para escuchar lo que cada testigo tiene que perjurar. Y es frente a ellos que Orestes se lava las manos como juguete de Apolo y acude al pasado para recordar que si bien cometió matricidio, el suyo no puede ser conjurado como un acto aparte, sino como la conclusión de una serie de asesinatos perpetrados por un linaje cuyos crímenes no fueron nunca sentenciados como le ha tocado al suyo. Mientras las Erinias lo exponen por lo que es: homicidio a sangre fría por un hombre que eligió tomar justicia por su propia mano.

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Esquilo escribió su propia forma de justicia cuando en su propia trilogía, en «La Orestiada», decidió perdonar a Orestes ante la desgarrada mirada de las Euménides a las que no les queda de otra más que resignarse ante la justicia ateniana que no tendría por qué ser cuestionada; pero Proyecto Espiral toma un camino opuesto, y desvistiendo a Atenea de su armadura para regresarla a ser sólo una persona, Las Euménides en manos de la CNT termina con un juicio en serio, y le pasa el micrófono a los representantes de la audiencia para que cada cual pueda vocalizar las razones por las cuáles perdonaría a Orestes o lo condenaría, para finalmente proceder por lo elegido en la sala y dar un final a la historia que puede cambiar función con función, de acuerdo a lo que el público sentencie.

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Más allá de los variados argumentos que se pueden escuchar en el teatro (en mi función se dividieron casi por partes iguales los a favor y los en contra) que ya traen consigo un inherente álgido debate sobre lo humano, lo imperdonable, el quién es uno para decir quién vive y quién no, el en qué momento acaba la violencia si el castigo la perpetúa, y el en dónde y en qué instante se dibuja el hasta aquí, lo verdademente fascinante de Las Euménides se encuentra en su manera de regresar la vista cientos de siglos al pasado para devolverle la mirada a un autor que creía haber encontrado la solución justa y final, para preguntarle desde nuestros tiempos: ¿y sí… realmente sí? Porque en aquellos tiempos lo justo se dejaba en manos de dioses (muchas veces volubles y temperamentales), pero hoy entendemos el sistema como fallido y apropiado por una élite endiosada y guiada por el interés.

Las Euménides de la CNT

Mauricio García Lozano utiliza su ojo imaginativo para hacer de Las Euménides el eterno acento de su montaje. Y se sotiene en lo perturbado de aquellas figuras que finalmente no son humanas, y podrían tener algo de animalísticas, algo de demoniacas, un constante reflejo de una ira que no encuentra descanso, y una intranquilidad que consigue asediar cada composición y cada cuadro. Las Euménides es hermosa de una forma prácticamente gótica. Pagana y profana protagonizada por figuras cuya desolación son el centro focal, y lo rojo de un ambiente que pareciera incendiarse o afilarse con estacas, para eventualmente recordarnos que está manchado de sangre, pinta la escena de un color cobrizo, que se enfatiza con la apariencia dorada de una Atenea que pareciera brillar por encima de todo, pero al mismo tiempo reflejar las tonalidades abrasivas de una atmósfera que ella misma permite.

Las Euménides de la CNT

Pero es el tono eternamente confrontativo el que mantiene despierta la atención. Y un elenco -especialmente las varias actrices que hacen al conglomerado de Furias- el que da una energía increíblemente potente y provocadora a la obra. Las Euménides transforman su impotencia en un clamor oscuro, y arremeten a la distancia con vigor pero al mismo tiempo la precaución que sólo los que ya saben que perder o ganar no está en sus manos podrían entender. Son reptiles acechantes y felinos dispuestos a sacar las garras, e imposiblemente hipnóticas. Más cuando uno analiza las visiones que presenta cada una y encuentra en sus variados diseños los guiños a todo el Proyecto Espiral que es lo que le permite a esta última entrega reconocer y retener lo que toda una tetralogía buscó exponer sobre la violencia como un ciclo de nunca acabar.

Las Euménides de la CNT

En una última imagen, antes de pasar al juicio verdadero, las Euménides pierden su fiereza y salvajismo, luego de haber sido de algún modo domadas por una Atenea que pide de ellas subyugar sus instintos, y Mauricio Gacía Lozano nos deja con una última incómoda fotografía. El retrato de seis mujeres que vestidas de blanco se han tenido que acomodar. Que con gestos retorcidos y chuecas disposiciones pretenden imitar la sonrisa que se les ha impuesto como sustituto a su miedo, coraje y una voz que antes gritaba implacable, pero al menos honesta. Las Euménides nos cuestiona entonces de principio a fin. Disputa frases como «No son modos» y objeta ante una sociedad que ha hecho del levantar la voz un acto de vandalismo. Esquilo pudo haber entendido la justicia y la democracia como un punto final, Las Euménides lo trae de vuelta a la vida y discute si no más bien es un gran signo de interrogación.

Las Euménides se presenta viernes y domingos en la Sala Héctor Mendoza de la CNT.