Una propuesta que lleva a Hedda Gabler a una era digital en una adaptación que le quita mucho de lo inteligente y voraz al texto de Henrik Ibsen, perdiendo por completo las razones de ser de cada personaje en la historia, y forzando el tema online ni siquiera desde un lugar presuntamente futurista, pero en conversaciones sobre la modernidad y redes sociales que a estas alturas ya también se sienten arcáicas. Una Hedda que no sabe si pertence al futuro o si invoca lo suficiente del pasado y se queda en medio donde se dibuja sencillamente… simplona.

Yo siempre seré de las personas que defiendan que a un clásico se le puede adaptar de arriesgadas y novedosas maneras para otorgarle nuevos significados, escenarios e intenciones. Claro, siempre y cuando la esencia de la obra original no quede aplastada por un llamativo concepto y pierda en el proceso su razón de ser. Con Hedda en Foro Lucerna, Eduardo Córdoba (director y adaptador), hace precisamente eso. Desubica lo central en el relato de Ibsen, enamorado de su propia idea contemporánea, pero finalmente vacía, y en el proceso hace melodrama y hasta farsa cómica de una de las más grandes dramaturgias jamás escritas.

Hedda 2026

El primer error quizá sea el de no haber entendido que Ibsen, desde A Doll’s House y pasando por supuesto por Hedda Gabler estaba interesado en escribir del rol restrictivo de la mujer en los 1800’s. La entera razón del aburrimiento de Hedda y su necedad por intervenir desde lugares nocivos en los asuntos ajenos, gira en torno a que estaba arrinconada a ser «la esposa de». Hija de un General del ejército y criada sin los estatutos más recatados y sumisos de las mujeres de la época, una vez que se casa y no le queda más que esperar a que sea George, su marido, el que provea para ella, la inquieta Hedda se niega a quedarse de brazos cruzados. Y cuando lo que más anhela, autonomía y libertad, son puestas en peligro hacia el final de la obra, el personaje se ve orillado a una trágica salida.

Eduardo Córdoba nos lleva a una era que para ciertos momentos se siente como cercana a los 2010’s, pero para otros parece habitar el presente o quizá un futuro no tan lejano, y pierde de vista que al movilizar el contexto y por lo tanto la posición de la mujer en sociedad, la entera razón de ser de Hedda queda perdida entre las grietas. Que en una adaptación que lo hubiera tenido considerado se hubieran podido hacer movimientos para no perder éste, uno de los grandes pilares de Ibsen, pero en esta visión de Hedda simple y sencillamente está borrado del mapa. Hedda es quién es sin razón de serlo. Y no es el único personaje que ha perdido su contraste.

Hedda 2026

Hedda y George vienen regresando de su luna de miel para encontrarse con la tía Juliana en su casa, a tiempo para que Hedda (aquí más bien pintada como una mujer excesivamente interesada en el qué dirán, más que en lo acomodado de la posición social que no quiere perder) pueda burlarse de la bolsa poca fina de una tía, a la que en diálogo describen como que no está tan animada como acostumbra, pero que Pilar Flores del Valle interpreta con dicharachería y alegría que se contrapone a la visión que su sobrino -y el texto- parecieran tener de ella.

Hedda 2026

El espacio que habitan es una casa inteligente, y ahí donde Henrik Ibsen les dio a los Tesman una criada, Bertha, aquí Bertha es más bien como una especie de Alexa. No lo suficientemente avanzada como para transportarnos al futurismo, pero sí lo suficientemente más llamativa que las IA que manejan hoy en día labores del hogar como para que podamos entender que estamos casi en nuestros días, sólo quizá tantito más adelante. George, aquí burlonamente retratado como un niño chiquito, berrinchudo e inmaduro por Abraham Lombroso está en espera de una posición académica que podría beneficiar enormemente la economía para él y Hedda. Cosa que resulta difícil de creer tomando en cuenta que Córdoba nos pinta a un hombre francamente menso al que es imposible entender con las capacidades intelectuales para realmente ser tomado en serio. Desde cómo habla y hasta la manera en la que va dando brinquitos para moverse, el George de Lombroso es un pequeño de cinco años atrapado en el cuerpo de un adulto, y para muchas instancias también retratado hacia lo queer, tal vez intencionalmente, tal vez por una falla de dirección, nunca es claro, y tampoco útil al montaje.

Hedda 2026

Lo que sí es claro, es que el George que por Ibsen conocemos profundamente infatuado con Hedda, casi tanto como con su investigación, de la que no puede dejar de hablar; aquí no pareciera tener conexión amorosa alguna con su esposa, que se ve obligada a tratarlo como su mamá. Quiero dejar una cosa en claro, Angie Bauter como Hedda está trabajando a marchas forzadas para poder interpretar a su personaje con coherencia y complejidad, aún si la adaptación y la dirección insisten en meterse en su camino para hacer de todos los personajes alrededor de ella caricaturas bobas que jamás podrían estar ni cerca de su nivel. La única razón por la que las escenas logran tener algún tipo de sentido es porque Angie Bauter no suelta un sólo segundo las riendas.

Hedda 2026

Aún así las motivaciones de Hedda son difusas. Cuando aparece Laura en su casa su recibimiento para ella es más bien el de una mujer chismosa. Cosa que pudiera asociarse con alguien ocioso, pero a Córdoba le cuesta trabajo direccionar el rumbo de sus verdaderas intenciones lo suficiente para provocar algún tipo de tensión en el ambiente y previsión para lo que viene. Laura y Hedda tienen una conversación que más bien pareciera bizarra sobre cómo Gilberto, un ex amor de Hedda, está de regreso y pareciera que compite por la misma posición académica que George. Cosa que levanta las antenitas de Hedda, mientras Alexis de Anda entiende a Laura sí del lado introvertido, pero también mojigato de las cosas.

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A los muchos personajes que entran en la casa estilo sitcom, arriba de unas escaleras y haciendo una pausa para que la gente los vea bien antes de seguir su camino, se le suma un juez, Brack, que nuevamente Córdoba, junto al actor Ernesto Agraz retratan desde lo queer, quizá en un intento para mostrarlo aspiracional, pero perdiendo de por medio el que podamos entender que su relación con Hedda está basada en el deseo, el flirteo y la insistencia. Hedda no es un objeto de deseo, meramente una amiga, cosa que conflictúa el que para el final (y esto es de suma importancia), Brack se vuelva el gran verdugo de Hedda al obligarla a una relación de favores sexuales sin su consentimiento. Brack queer funciona en su relación con otros personajes y consigue mamonería y acidez, pero pierde todo lo imponente frente al único personaje que realmente importa.

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Con la llegada de Gilberto, George y Hedda están aliviados de saber que a él realmente no le interesa la posición académica y está más centrado en su trabajo como escritor, especialmente de su nueva obra maestra que escribió a mano y de la cual no hay copias, porque hay que recordar que nos movimos de los 1800’s al futuro tecnológico, y que en Hedda Gabler es importante que Gilberto (Eilert) pueda perder su manuscrito para siempre, entonces en una adaptación donde lo digital es toda la atmósfera, Eduardo Córdoba se ve obligado a parchar este vital elemento de la tragedia con una ingenua insistencia por parte de Gilberto en que él escribió su libro a mano para darle más valor. Cosa que nunca deja de resultar boba e inverosímil. Y levanta nuevamente la pregunta, ¿para qué trasladarlo a la modernidad si al menos dos de los detalles centrales en el texto de Ibsen no encajan con lo contemporáneo?

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Nuevamente la adaptación y dirección desdibujan lo que en el texto original se plantea con ingenio, cuando hacen de Gilberto, un personaje que tendría que ser intelectualmente amenazante para los Tesman, un pelele de voz temblorosa que a la menor provocación entra en escandalosa crisis, nuevamente como si de niños de secundaria se tratara. Y aunque Alonso Íñigez empuja por darle seriedad y madurez al personaje, la dirección pide de él que pierda los estribos en segundos y de la manera más gratuita olvidemos la poca sensación de peligro que venía acompañada con su llegada. La adaptación lo vuelve un patiño y con eso su gran tragedia se desvanece.

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La razón de sus berrinches, por supuesto, son los juegos mentales de Hedda que al enterarse que es un alcohólico en recuperación, y ha estado siendo ayudado por Thea para poner su vida en orden y replantearse como nuevo a partir de su escritura, decide divertirse a costa de ambos, en una mezcla entre aburrimiento y celos (aunque el tema celos no es realmente claro en esta versión), y orilla a Gilberto a beber hasta la inconsciencia en una especie de reto manipulativo, una brillante escena en la historia de Ibsen que establece el tono de todo el segundo acto y deja una absoluta sensación de peligro en el aire, pero que en este montaje sucede de forma tan infantil que por encima de lo que pudiera haber sido tenso, lo que provoca son risas de comedia de pastelazo.

Hedda 2026

Lo más inconcebible quizá es la elección del futurismo como era cuando nada en la trama es afectado por la capacidad digital, muy al contrario, el tiempo contemporáneo juega francamente en contra del relato. Y aún cuando pareciera que Hedda quiere proponer una conversación sobre la hiperconectividad, cada que fuerzan un diálogo al respecto, que nunca deja de sentirse como insertado con calzador, el discurso es uno de antaño, de cuando comenzaban las redes sociales a tener auge y nos preguntábamos cómo podrían llegar a afectar nuestra comunicación. Los pocos debates que levanta la obra habrían sido pertinentes en 2010, pero hablar de «blogs» o hacer, por ejemplo, de la personalidad de George un hombre que «sube demasiadas cosas a Instagram» dejó de ser relevante hace varios algoritmos, cuando Instagram buscaba que compartieras tu vida entera, pero que ha dejado de ser el foco de la plataforma que ahora está centrada en el consumo de reels de creadores de contenido.

Hedda 2026

Es sólo un ejemplo, pero como ése muchos. Hedda, como montaje, nunca encuentra la manera de posicionar la tesis digital dentro del motivo de la trama, y por tanto se vuelve sólo una vestimenta. Que en el caso de la escenografía e iluminación de Aurelio Palomino resulta apantallante, limpia y precisa, incluso si la dirección no la utiliza a su favor y mantiene el trazo de los actores continuamente de perfil para los dos frentes del público en un aparato escénico que se dibujaba como toda una promesa; pero en el caso del vestuario de Airam NanC funciona más como una mezcla de ideas y estéticas aspiracionales que no terminan de hallar su centro, y para algunos personajes como Brack, parecieran estar ahí más cpor estilismo que por cualquier tipo de mancuerna con el discurso de la obra.

Es una lástima que en la búsqueda de lo novedoso, la fuerza y capacidad de impacto del astuto texto de Hedda Gabler de Henrik Ibsen, se haya vuelto meramente un escenario con el cual jugar para probar algún tipo de primicia. Celebro las adaptaciones que apuestan por lo innovativo, pero no puedo entender el hacer por hacer. Hay grandes maneras de proponer a partir de tiempo y espacio, pero Hedda de Córdoba está demasiado preocupada por presentarnos a su jardín de niños donde lo «Mean Girls» se mezcla con menciones aleatorias a TikTok, como para realmente ocuparse de traducir Hedda a una audiencia a la que le podría mover verla situada en un ambiente que conocen, entienden y sienten suyo. En su lugar, lo que obtuvimos fue la sinópsis de una gran obra como la hubiera entendido Chat GPT.

Hedda se presenta los lunes a las 8pm en Foro Lucerna.