Un caótico intento de crítica social sobre las distintas violencias de México desde la farsa del absurdo, Obra Negra, Mecánica De Poder se ahoga en la cantidad de conceptos que se lanzan por minuto en la puesta, sin que ninguno de ellos termine por encajar, en un montaje con un ligero modo escolar que Victor Weinstock usa para regodearse en discursos problemáticos, pretendiendo pasarlo por sátira.

Hay una delgada línea por la que de pronto camina el teatro, especialmente la farsa, entre la crítica a partir de la exageración grotesca de aquello cuestionable en la sociedad, y la franca repetición de discursos problemáticos sin ton ni son con la sola intención de encontrar algún tipo de provocación (o peor aún, risa fácil) sin mucho fondo. Obra Negra, lamentablemente, cae en el segundo rubro. Donde insultos homofóbicos, clasistas, racistas y misóginos, entre otras cosas, parecieran convertirse en el punch line de una sátira que no tiene muy claro para qué los está usando. Y que, honestamente, no sorprende del todo tomando en cuenta que Victor Weinstock (director y dramaturgo) ya tuvo a mal usar black face en otra de sus obras, con el mismo tipo de mal encaminada intención.

Obra Negra Mecánica De Poder
Obra Negra Mecánica De Poder

La obra es una avalancha de ideas que en el pequeño Espacio Urgente del Foro Shakespeare parecieran atiborrarse hasta dejar el aire denso que principalmente encuentra sus bases en el teatro del absurdo. La producción se define como inspirada por el cómic y el noir del cine, pero más allá de un desprolijo maquillaje blanco y negro que tampoco termina de encontrar su razón de ser y choca de manera constante con un vestuario que no se eligió bajo ningún tipo de estilo o noción que pudiera completamentar el visual, nada del género refiere ni al film noir, ni a la narrativa de novelas gráficas como, digamos, las de Frank Miller, que era presuntamente la estética y tono que Obra Negra, Mecánica De Poder pretendía alcanzar, pero que termina por transformar de manera superficial en disfraz.

Obra Negra Mecánica De Poder

En una bodega un gringo ha sido secuestrado, y hay toda una escalera de poder sobre la gente que lo tiene cautivo. Primeramente, una rabiosa guardia que no soporta oírlo hablar en inglés, arriba de ella un verdugo, su novio, que es igual de violento con ella que con el gringo. Arriba de este hombre que gran parte de la obra se pasea en calzones (Puma, muy fuera de personaje en detalles que la obra se niega a cuidar) se encuentra una pareja de mucho más supuesto refinamiento y autoridad. Principalmente ella que pareciera la mente maestra (aunque eventualmente no es más que un perro) y que encuentra repulsivas las tendencias homosexuales del marido que no para de quererse arrimar a cualquier hombre que se le cruce enfrente. Pero arriba de ellos hay todavía una figura más. Una allegada al poder. Ciego, como la justicia… en este caso injusticia, que termina por convertirse en anfitrión de un game show que acaba en tortura. Y entre ellos, la ex novia del gringo, otra gringa, que ha encontrado la manera de escabullirse a la bodega para liberar al novio que prefiere quedarse secuestrado a pasar un segundo más con ella.

Obra Negra Mecánica De Poder

La idea de una pirámide donde en cada uno de los escalones la violencia navega hacia arriba y hacia abajo, hace mucho sentido con un México donde todo mundo toma el mínimo de poder al alcance de su mano para explotarlo contra otros; pero más allá de esa premisa, y la forma en la que el crimen organizado pareciera estar inevitablemente aliado con el poder político y empresario, Obra Negra termina auto-estimulada para incluir cualquier otro tipo de crítica social que pareciera remotamente tangencial y hacerla parte de la dinámica. El resultado es desenfocado y empantanado, en un montaje que Weinstock -tal vez de manera intencional- permitió que se ensuciara hasta rayar en lo amateur.

Obra Negra Mecánica De Poder

Canciones de teatro musical irrumpen de manera constante en la escena para poner a bailar a los personajes en una especie de burlesque, nuevamente sin mucho significado o razón de ser, presuntamente queriendo puntualizar en la forma en la que la política y la violencia se acaban volviendo entretenimiento, pero en un collage donde ninguna canción pareciera haber sido elegida por lo que tienen que decir originalmente (a excepción quizá de Money Money de Cabaret), sólo termina por sonar a un DJ al que le apasionan los musicales y uno que otro reggetón, cuyos cables se han cruzado con los de una puesta que nada tiene que ver con el tema.

Obra Negra Mecánica De Poder

El tono alzadísimo hacia la farsa rotunda no termina por ayudar a un elenco enormemente joven y en muchos sentidos aún verde en una mecánica que requiere profunda sinceridad dentro de una vestimenta impostada y estridente, y para muchos de ellos el delivery se acaba volviendo sólo un más es más con intenciones cómicas, más forma que fondo. Y en un montaje donde el diseño de sonido pareciera venir de un estereo al que alguien le está picando «play» y «stop» sin ningún otro tipo de modalidad difusora, la escena acaba por leerse más similar a un trabajo escolar que a una propuesta profesional de un director que en realidad tiene una trayectoria enorme.

Obra Negra Mecánica De Poder

Como su nombre lo expone, Obra Negra es en efecto un espacio con los materiales regados por doquier listos para construir lo que eventualmente tendrá forma, pero por ahora resulta difícil llamarle casa. Un trabajo con miras a una crítica importante, inspirada por formatos y estéticas que en papel suenan muy llamativos, pero que aún no han logrado traducir a la escena. Una propuesta que requiere de una limpieza y un rigor que no por partir de la decadencia se tienen que ignorar, porque para que el absurdo pegue desde lo ácido, el caos le tiene que estar sucediendo a los personajes, no a los actores. Es la única manera de darle la seriedad que lo vuelve un mensaje potente.

Obra Negra, Mecánica De Poder se presenta los lunes a las 8:30 en el Espacio Urgente del Foro Shakespeare.