El reino del Rey Lear se transforma en un teatro cuyo legado tres hijas habrán de dividirse en una adaptación por Angélica Rogel que busca hablar de la vejez y sus muchas trampas, en una premisa que no termina por sostenerse conforme avanza la tragedia shakespeareana, con un montaje potente de actuaciones impostadas que al perder la muy literal invasión y guerra por territorio desubica toda proporción y termina por quedar fuera de contexto, en un limbo intermedio entre la Rey Lear de Shakespeare y una propuesta que quiere ser propia cosa.

El Teatro Helénico se viste con un nuevo acercamiento al Rey Lear de Shakespeare que sobre un escenario que permite grandilocuencia y con un elenco más que capaz, consiguen momentos de verdadero impacto y visuales que son en efecto una preciosa fotografía, pero en su búsqueda por darle a la tragedia un toque meta auto-referencial, el texto se ve tijereteado y abordado desde la contención de un teatro que reemplaza a todo un reino, truco que emociona los primeros minutos de un montaje que se promete diferente, pero que conforme avanza queda atrapado sin saber a dónde ir, buscando regresar a los brazos bélicos del Shakespeare de siempre. Una adaptación que nace de una gran idea, con una ejecución que se retracta a la hora de llevarla a cabo.

Rey Lear, Teatro Helénico 2026

Alejandro Morales se para frente a nosotros como Edmund, un tramoyista, un hijo ilegítimo del Director Creativo del teatro en el que estamos y que estamos asumiendo como un teatro, y que en esta versión no está desgastado por la desigualdad e impulsado por el coraje y la envidia de la segregación, pero en su lugar es un amoroso hijo del padre que le ha dado las mismas oportunidades que a su hermano. Aquí es Edgar (Raúl Villegas), el hijo legítimo el que desde el egoísmo se considera por encima de su hermano y merecedor de un derecho de nacimiento más apropiado. La elección de voltear a los personajes se siente desde el segundo uno un intento desesperado por una corrección política que decide ignorar el hecho de que William Shakespeare ya desde los 1600 estaba haciendo un comentario sobre clase y privilegio.

Edmund explica de viva voz la convención: lo que vamos a ver es ficción y sucede en el reino del teatro. Hasta ahí un poquito expositorio, pero sin duda intrigante. ¿Qué va a hacer la directora Angélica Rogel convirtiendo la Gran Bretaña de Lear en un recinto donde habita la fantasía, cómo va a lograr que una disputa álgida que se convierte en guerra, que no conoce límites ni cuando tiene la consecuencia tocando a su puerta consiga el mismo tipo de proporción entre las paredes de un teatro que un anciano dueño de un espacio cualquiera habrá de dividir entre sus tres hijas antes de retirarse?

Rey Lear, Teatro Helénico 2026

La respuesta se presenta más pronto que tarde y es perdiendo todo rastro de la convención antes establecida, que no sea para jugar de forma escénica con algunos elementos orgánicos. Luis de Tavira, nuestro Lear se para frente a sus hijas: Goneril, una Mariana Gajá jugando a la prepotencia whitexican, Regan, Mayra Batalla aparentemente centrada pero silenciosa como la bala de un francotirador en su capacidad destructiva, y Cordelia, una Diana Sedano que como hija pareciera más desparpajada que consciente, y que aquí también interpreta al Bufón con uno que otro guiño que pareciera aludir a que tal vez Cordelia se ha disfrazado para acompañar a su padre en los peores momentos, que no termina de hacer sentido con la psicología y personalidad de Cordelia.

Rey Lear, Teatro Helénico 2026

Lear está ahí para dividir su teatro, ni siquiera en partes iguales, pero sí en bloques frente a un diorama que pareciera hablar de una ficción dentro de la ficción, nuevamente un concepto que se habló en voz alta, pero que la obra no mantiene vivo durante el transcurso de la trama. Y lo único que pide de sus hijas es que le profesen el amor que le tienen de viva voz para asegurarse de dejar este testamento en vida a las mujeres que más lo aman. Goneril y Regan se levantan prontas a conseguir su parte de la herencia, pero la desinteresada Cordelia asegura que el amor que le tiene a su padre es el que es y no requiere de altavoces. El Rey Lear pierde la paciencia y deshereda a su hija favorita, Cordelia, mandándola al destierro.

Rey Lear, Teatro Helénico 2026

En la historia original, ésta sería la parte en la que Lear casa sin dote a su hija con el Rey de Francia, cosa que eventualmente trae consencuencias catastróficas para su propio reino. Aquí Cordelia sólo toma sus cosas y se va. Seguida por poco de Kent, Mariana Giménez, la más leal a Lear que entendiendo el error donde Lear no ha podido verlo, se niega a aceptar una decisión imprudente. Goneril y Regan parecen estar satisfechas, pero su padre tiene una condición antes de otorgarle lo prometido: que le permitan vivir con ellas por unos cuántos meses a la vez, y que le permitan quedarse con un cierto número de súbditos.

Desde la repartición de la herencia, la idea de que aquello que Lear tiene para dividir es un teatro comienza a flaquear y a quebrarse desde el molde. Las apuestas no parecen lo suficientemente altas y los espacios a los que habremos de viajar para continuar la historia no se sostienen en una convención sólida, más bien se justifican en la meta-ficción como madre de todos los errores de continuidad.

Rey Lear, Teatro Helénico 2026

Goneril y Regan más que motivadas por poder, arrogancia y ambición, simplemente no quieren batallar con el pesar de tener que hacerse cargo de un padre anciano, cuya razón ya no siempre es el centro de su comportamiento. Escondido en la adaptación hay un pertinente mensaje sobre la vejez, y la forma en la que incluso un padre que pudiera haber dado todo por su familia, eventualmente es visto como una carga, y en este poco intencional regreso a un tipo de infancia, los adultos mayores en muchas familias terminan por ser tratados como estorbo por su propia sangre. Y desde la visión del mismo Lear, la terrorífica idea de ir perdiendo el control y dominio ante el tiempo, el único enemigo que no se puede batallar y ganar. En papel el concepto es poderoso, potente y conmovedor. Pero en Lear las consecuencias son demasiado grandes para una idea tanto más íntima, en realidad.

Rey Lear, Teatro Helénico 2026

Lo que procede lo conocemos, Lear y su gente son corridos del «castillo» de Goneril, para acabar en el de Gloucester (Mauricio García Lozano) donde se ha refugiado Regan y ser tratados con el mismo desprecio. Regresando al material original, es aquí donde Lear amenazaría a sus hijas con quitarles lo heredado, y aún en una locura provocada por el dolor y la culpa conseguiría llegar a Francia donde se haría de aliados que lo ayudarían a invadir su propia Gran Bretaña. El concepto para el Helénico no puede recorrer esas distancias, atrapado por su bella noción teatrera que de pronto se convierte en un par de esposas. De modo que en esta Rey Lear, el patriarca sale… ¿a dónde? nunca es claro, para toparse con la tormenta, mientras sus dos hijas enrabian desproporcionadamente y sin mucha motivación de defensa para volverse arpías violentas un poquito porque sí.

En medio de todo aquello también se va desarrollando la historia aquí volteada de Edmund y Edgar, que no tiene menos traición y sangre, una vez que Edgar pone en movimiento sus planes para conseguir que su propio padre, Gloucester tema y desprecie a su proio hijo y termine por perseguirlo. Su hijo tramoyista. Que en medio de la tormenta se topa con un cada vez más irreverente Lear, su bufón y Kent disfrazada de sirviente, y que eventualmente se convertirá en una de las fichas principales para ver castigadas a Goneril, Regan y su propio hermano Edgar que acaba por estar detrás de la cortina manipulando a todos como si figuras del diorama que vimos al principio se trataran.

Rey Lear, Teatro Helénico 2026

La adaptación de Angélica Rogel no deja de ser una gran idea en potencia, pero en el desarrollo de una trama que pide consecuencias mortales, se queda desvalijado y eventualmente perdido. Porque para cuando Lear sale del «castillo» de Gloucester, el suceso presuntamente pasando dentro de un teatro se pierde por completo, y la obra prefiere olvidar que era el juego antes propuesto para poder continuar contando la historia de manera shakespeara, aún si eso implique que el racional acabe traspapelado y perdido en alguna parte del libreto para nunca regresar. Y no me puedo imaginar a alguien que no conozca la historia previamente que pueda atar los cabos para realmente entender por qué en escena sucede todo lo que sucede.

Rey Lear, Teatro Helénico 2026

De impostadas actuaciones que, nuevamente, en un inicio forman parte del concepto y convención, Luis de Tavira como Lear crece a su Rey hasta lugares falaciosos en una entrega desvocada y magna que aún cuando los demás también buscan la teatralidad en su ficcionar, se sale por completo del tono al que se apega el grupo. Son Mariana Gajá francamente disfrutando de la soberbia y crueldad de su Goneril; y Mauricio García Lozano en una confusión que lo desmorona para finalmente quitarle de manera muy literal la vista, aún cuando ciego siempre estuvo, los que dominan las emociones intensas plasmadas inevitablemente en todo Rey Lear. Y Raúl Villegas, al que se le da oportunida de ser villano malicioso, y entrega dinamismo a una escena que rítmicamente puede caer en lo espeso.

Rey Lear, Teatro Helénico 2026

Un diseño de iluminación vehemente, y un vestuario y utilería que nunca pierden la sensación de teatro dentro del teatro de manera mucho más concisa que la adaptación del texto, forman cuadros exhilarantes dignos, en efecto, de un Rey Lear magistral. Un montaje que aprovecha sus potencias donde tiene espacio para hacerlo, y en ese sentido no le podemos realmente llamar flojo, porque no deja de tener pilares fortificados que lo sostienen. Pero tibio en su poco compromiso con un concepto que hubiera requerido una adaptación más aguerrida que finalmente se distanciara de la propuesta original para labrar su propio camino y llevarlo a un lugar coherente desde todas sus esquinas.

Rey Lear se presenta jueve, viernes, sábados y domingos en el Teatro Helénico.