Un show de mentalismo que no sale tan mal como otras tantas de Mischief Theatre, donde el humor que les conocemos por La Obra Que Sale Mal sigue asomando la cabezita, pero se mezcla con un show de magia a momentos tan apantallante como cualquiera que sí va en serio, y una tierna historia de amistad y resurgimiento al centro, que hace de El Manipulador De Mentes un pedazo muy variado de comedia, sorpresa y ternura con un Daniel Haddad que nunca pierde la rienda de los muchos encuentros improvisados de la obra.

Hay algo reconfortante en saber que Próspero Teatro en México se ha dado a la franca tarea de crear una relación estable y duradera con Mischief Theatre en Londres, y han hecho su misión llenar la cartelera mexicana de estos títulos cargados de comedia irreverente celebrados en muchas partes del mundo. Ya lo hicieron con La Obra Que Sale Mal, con Peter Pan Que Sale Mal, y aunque hay otras «Sale Mal» que aún no han viajado para acá, ahora lo hacen con El Manipulador De Mentes, una especie de spin off de Magic Goes Wrong escrita con el mismo tipo de estupidez, de ésa con la que uno ríe a carcajadas, pero diferente en su centro.

El Manipulador De Mentes
El Manipulador De Mentes

Aunque la comedia es definitivamente uno de los ejes mayores de El Manipulador De Mentes, este show sí tiene la intención de llevar el asombro del mentalismo a la audiencia. Entonces Quique, nuestro mentalista (no deberíamos saber que se llama Quique por eso de la mística) así como tiene mucho de charlatán y no todo truco que planea le sale como lo tenía pensado, también puede presumir a momentos de dejarnos con el ojo cuadrado y preguntándonos, ¿cómo le hizo?

La puesta está manejada como show de mentalismo de ésos de auditorio. Daniel Haddad se para frente al público como en una conferencia, y desde el minuto uno en el escenario no para de convivir con la audiencia. El Manipulador De mentes es una obra cien por ciento interactiva. Su idea es mostrarnos que puede entrar en nuestras cabezas y adivinar cosas imposibles como si de un psíquico se tratara, pero desde el inicio es claro que no es el mejor en su arte. De entrada porque carga con él una caja de seguridad cuyo número ha olvidado y él mismo es inacapaz de adivinar, donde además viene la llave de un baúl que está reservado para ser el truco final y que permanece todo el tiempo colgado frente a nuestros ojos, y que hay una posibilidad de que nunca se abra porque Quique no está seguro de poder volver a entrar a la dichosa caja de seguridad.

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¡Pero no todo está perdido! Porque ahí donde aprendemos que nuestro Mentalista está recién divorciado y durmiendo en casa de un amigo, también nos enteramos que está esperando recibir su propio show en Las Vegas que otro mago de mayor renombre le ha prometido. De modo que este show frente a nosotros, que durante muchos momentos se está cayendo a pedazos, no es más que un escalón que hay que cruzar para llegar al otro lado donde las luces neón de la Ciudad del Pecado esperan a este mago de la ilusión con presuntos brazos abiertos.

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Por encima de la frustración que suele acompañar a los personajes de Mischief cuando el accidente y la impotencia muestran su burlona cara frente a una audiencia en vivo, el Mentalista va sumando capas a su torpeza. Por un lado con una stage manager en cabina, Katia, que insiste en atropellarlo como si se estuviera burlando de él, cosa que provoca preguntarse, ¿bueno pues qué le hizo? Y seguro en algún lado del Mischiefverso hay una respuesta a eso; y por otro lado, sumando a su acto a Esteban, su mejor… su único amigo y palero, que a pesar de su nobleza y buenas intenciones no para de arruinar cada truco para el que pide su colaboración y ayuda.

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De modo que sí, es fácil reconocer el «Sale Mal» tan propio de la franquicia, pero resulta que Quique no es tan predecible como uno imaginaría, porque de vez en cuando, y sólo de vez en cuando, uno de sus trucos sí pega. Y cuando asesta te deja perplejo en tu asiento. Desde adivinar los secretos que miembros del público han escrito en papelitos, y hasta una decapitación que apantallaría a la misma María Antonieta, los espectadores de El Manipulador De Mentes puden en efecto presumir de salir del show con la mente manipulada. Aún si el subtítulo de la obra es en realidad «Una noche de ilusión trágica», cuya prevenida tragedia también termina por ser parte del montaje.

El Manipulador De Mentes

Con todo y la magia rondando los rincones del Teatro Helénico, el verdadero hechizo lo trabaja Daniel Haddad como el Mentalista, porque su labor no está completa sin la participación del público, y él como actor tiene que ser ilusionista, comediante y maestro de la impro a la vez. Después de todo cada interacción con los espectadores es un mundo de posibilidades, y Big Dan rebota esas pelotas como en cancha de frontón, en una obra que en otros muchísimos momentos es prácticamente un monólogo. La pericia de Haddad es El Manipulador De Mentes, y la belleza del montaje es que nunca es igualito al de la función pasada.

Sin dejar a un lado, por supuesto, que en los instantes en los que Big Dan es acompañado en el escenario por Daniel Ortiz como su sidekick, la enternecedora química entre ellos y su notoriamente desgastada relación, le dan a la obra picos de un matiz distinto y humanidad a una historia que de otro modo perdería su lado empático. Esta serie de trucos y viñetas de bobería funcionan porque en medio de ellas se va tejiendo un hilo con la respuesta al quiénes son estas personas en toda medida patéticas y por qué debería de importarnos lo que les suceda.

El Manipulador De Mentes

Para cerrar con un ¡bang! porque El Manipulador De Mentes se reserva lo mejor para el final, y el show entero cobra la sensación de haberse uno ido a parar en efecto frente al mismísimo Gerry McCambridge en el Planet Hollywood de Las Vegas. Un humor que conocemos y que desde su simplismo empata con el amor al ridículo de los mexicanos, que aquí Próspero ha sabido aprovechar, y probablemente no deje de hacerlo próximamente (escribo poniendo changuitos), que se suma a una lista de comedias trabajadas con un sello de calidad que a estas alturas es imposible dudar de los productores Camila Brett y Jerónimo Best. Hace ya años que La Obra Que Sale Mal debutó en CDMX precisamente en el Helénico, y si la fortuna de aquello que ha salido bien con las «Sale Mal» se ha quedado impregnada en el aire, El Manipulador De Mentes tiene todo para volverse una nueva favorita para aquellos que van al teatro esperando reír hasta por los cachetes.

El Manipulador De Mentes se presenta viernes, sábados y domingos en el Teatro Helénico.