El tipo de obra que demuestra que con un texto honesto, emocionante y conmovedor, y dos actrices que lo sepan habitar de forma entrañable, el teatro cobra vida sin más necesidad de parafernalia. Papá Está En La Atlántida nos permite acompañar a dos hermanos, en toda medida niños aún muy jóvenes, enfrentándose contra la dura realidad de aquellos que se quedan a esperar a los que se han cruzado del otro lado, desde lo naive y la siempre presente esperanza de que todo volverá pronto a la normalidad.

Aún si es verdad que Javier Malpica escribe Papá Está En La Atlántida para un público joven, en toda medida familiar, la historia al centro de esta fabulosa dramaturgia pega de forma más indolente al adulto que entiende que para las personas migrantes y las familias que dejan atrás, las posibilidades de un reencuentro y un final feliz de película son verdaderamente complicadas, y en pleno 2026 (veinte años después de que este texto se publicara por primera vez) la situación no sólo no ha cambiado, pero en el clima político actual, donde hay niños encerrados en jaulas, en literales campos de detención diseñados para migrantes acusados de «terrorismo», la cosa se ha convertido en devastador exterminio.

Papá Está En La Atlántida

Tal vez por eso un revival de Papá Está En La Atlántida agorzoma diferente hoy por hoy. Y entra por un recoveco muy especial diseñado por Malpica: la capacidad de ver esta historia desenvolverse sólo desde los ojos de dos niños pequeños. Dos hermanos que de plática en plática, de situación en situación, nos dibujan el entero de su realidad tal como la perciben ellos, desde lo ingenuo de la infancia, y la poca información que cae en sus manos, que ni remotamente pinta para ellos un mapa completo de su presente o de lo que está por venir. Pero aquello que saben, lo entienden con la seguridad firme del niño que se siente obligado a pensar adulto porque si hay algo que les queda claro es que hay algo más grande sucediendo y ninguno de ellos quiere admitir que es demasiado para lo que en ese momento están listos para procesar.

Papá Está En La Atlántida

Dos hermanos, uno de 8 y otro de 11 dejan su hogar en la ciudad para irse a vivir a un despoblado con su abuela, luego de que su papá tome la decisión de probar suerte del otro lado. La abuela no es una mujer fácil, y ellos sólo se tienen el uno al otro. La escuela los recibe con suelo árido, mientras ellos mantienen la esperanza viva de ver regresar a su padre pronto y que los lleve de nuevo a su hogar, a su vida de siempre. Cuando la abuela muere, y los hermanos se ven obligados ahora a vivir con sus tíos y sus terribles primos, las noticias del paradero de su padre se vuelven nulas, y entre ellos se empieza a fraguar un plan quizá para tomar acción y dejar de esperar con los brazos cruzados.

Papá Está En La Atlántida

Alexander Bravo debuta como director en un espacio en toda medida diminuto, pero elige correctamente sus batallas. Por un lado se aferra a la capacidad de sus dos magníficas actrices, Majo León y Sofía Arisbeldi (alternando con Fátima Méndez y Paola González), a las que básicamente les otorga dos llantas y una caja de chescos para crear el universo pueblerino de estos dos peces fuera del agua; y por otro, planta un telón detrás de ellas para completar la escena con sombras y figuras simpáticas que van dando vida lúdica a todos los personajes secundarios que aparecen en los recuerdos y anécdotas que se cuentan los hermanos. Su Papá Está En La Atlántida acaba teniendo la forma de un cuentito cuyas viñetas cobran vida más bien en la interacción.

Papá Está En La Atlántida

Eso sí, se guarda un as bajo la manga y en un celebrable acto de contención, nos regala un fascinante túnel de agua hecho con luz y humo, que no dura más que unos poquísimos minutos mientras el hermano pequeño se imagina a su papá en la Atlántida, porque no ha entendido que en realidad se fue a Atlanta, una ciudad definitivamente menos mítica, que se vuelve el gran highlight visual de la obra del que toma suficiente distancia para no engolosinarse y dejarlo en un puntualísimo instante de apantalle. Y digo visual porque en realidad el clímax de la obra es francamente emocional, conforme los hermanos toman en sus manos salir en búsqueda de su padre, y la experiencia del migrante nos cae como balde de agua fría para recordarnos que ese cruce desangrante al otro lado del charco no es sino un hoyo negro para muchísimas personas, niños incluidos.

Papá Está En La Atlántida

Si el gran acierto de Papá Está En La Atlántida se encuentra en la forma tan honesta y sin intención de disfraz en la que Javier Malpica escribe a dos niños, sus referencias, sus pláticas, su capacidad de dimensión, que le da tierna franqueza a la obra, son Sofía y Majo las que terminan de confabular para verdaderamente llevarnos a la cabeza de dos personitas cuya visión de una realidad complejísima está filtrada por un razonamiento inocente y crédulo, que en su forma ilusa nunca deja de tener muchísimo humor involuntario. Su dinámica es encantadora y su fraternidad emotiva. Dos niños brincoteando en llantas sin aire cuyo mundo los sobrepasa sin que ellos tengan ni idea de cuánto, que interpretados por actrices adquieren matices más enternecedores sobre la construcción de cierto tipo de masculinidad recta, valerosa y pertinentemente madura que a una edad en desarrollo pareciera primordial demostrar.

Papá Está En La Atlántida

Papá Está En La Atlántida no necesita de grandilocuencia para hablar imponente y duro, sin olvidar nunca que lo hace con una mirada chiquita anhelando por ser más grande, que es la base de lo que hace funcionar el relato. Un montaje lleno de emociones, de simpatía, de nostalgia que a momentos se siente como la vivencia colorida de un niño que todo lo vuelve aventura, y en otros siembra el temor de una realidad que supera la ficción de muchas pesadillas. Un tema tan colosal, tan vasto, tan lleno de hendiduras transformado en la dulce relación de cariño, equipo y ¿por qué no? fastidio de dos hermanos cuyo vínculo viene a representar el de miles allá afuera desgarrándose por no soltarse las manos.

Papá Está En La Atlántida está fuera de temporada en Sala Novo de Teatro la Capilla.