Valentina Garibay indaga en sus secretos familiares en A Mi Mamá Le Gusta Bruce Willis, un unipersonal inspirado por una anécdota en realidad chiquita y de poca tracción, que notoriamente resulta esencial para ella como actriz y autora, pero difícilmente traduce como algo más universal para una audiencia que espera del nombre y el estilismo de la obra, una puesta con más cuerpo y más motivo que sólo una mezcolanza de referencias a la cultura pop ochentera que jamás consiguen ligarse con la historia.

Valentina Garibay monta las expectativas altas desde que nombra su nuevo monólogo, A Mi Mamá Le Gusta Bruce Willis, al que otorga una inmediata carga natural de humor y comedia, y encima enlaza con un universo cinematográfico creando sin duda intriga sobre lo que viene. A eso le suma un estilismo retro de lo más llamativo. Sentada en el escenario del Teatro el Milagro viendo la televisión, específicamente el canal 5, maquillada en colores neón y con calentadores en los pies, todo pareciera indicar que la obra va a ser un divertido viaje en el tiempo. Sorprende entonces, cuando empieza a hablar que la anécdota esté en realidad situada en 2024.

El visual de la obra es una ilusión que nunca termina de conjugarse para relatar algo al unísono con el resto de la narración. El pretexto para todo aquello sumamente llamativo que guía los elementos escénicos durante toda la puesta es que Valentina creció viendo el Canal 5. O como ella lo pone, creció siendo educada por el Canal 5 y sus películas ochenteras, a falta de padres más presentes. Aunque la historia que tiene que contarnos no es en realidad sobre su infancia, tampoco lo es sobre los papás que la criaron. Es más bien sobre el papá que no estuvo, su padre biológico, al que finalmente conoció cuando ella ya era una mujer adulta en 2024.

Bruce Willis tampoco es en realidad parte del relato. Se le menciona una vez, tal cual como lo cuenta el título de la obra. La mamá de Valentina tampoco rige la dirección del texto. Se le llama «loca» una y otra vez, pero Valentina Garibay nunca termina de contarnos cómo la enfermedad mental de su mamá ha afectado su vida o sus relaciones. Cuando la nombra siempre es de manera un poco tangencial, nunca es el centro y nunca desenvoca en nada. A Mi Mamá Le Gusta Bruce Willis tiene toda la intención de sacar secretos a la luz y finalmente hablar de todo aquello que la familia de Garibay ha estado pretendiendo ocultar, pero no lo hace. No devela secretos y mentiras. Se esquina y se restringe para relatar únicamente lo más superficial de la re-aparición de un padre que nunca conoció para luego hacer con eso un montaje de ínfulas vintage de lo más desconexo con la trama.

Y de algún modo la misma Valentina lo sabe. En el transcurso del mismo monólogo, la actriz menciona en más de una ocasión que es posible que esté sobre-dramatizando algo que no requiere de mayor dramatismo. Y… sí. No hay puntos álgidos en su historia. Como mujer adulta conoció a su papá biológico en un Tierra Garat. Un papá que ahora vive en otro país y tiene otros dos hijos (uno de ellos llamado Valentín, porque al parecer el nombre le gustaba demasiado, cosa que más allá de lo curioso, quizá ciertamente egoísta, no pasa a mayores). Lo más terrible que hace este papá en su reencuentro con ella es tratar de darle consejos sobre su vida como artista sin mucho conocerla y negarse a rentarle un Airbnb que le pertenece a él y para el que tiene otros planes. Difícilmente un arco dramático emocional o un conflicto al que se le pueda escarbar más que los segundos que toma en mencionarlo.

Valentina no creció sola o abandonada, siempre estuvo a cargo de la madre que llama «loca» y de un padrastro que fungió un muy completo papel como padre de familia. Todo eso, es ella quien lo confiesa. De modo que éste no es un relato sobre carencias o ausencia. Razón por la cual nunca deja de ser rara la eterna mención al Canal 5 como la figura parental de su niñez, cuando se nos hace saber desde muy temprano en la obra que el padre biológico que decidió contactarla de la nada, nunca le hizo falta. Y tal vez es porque en texto, Valentina no cruza cierta línea de intimidad, se mantiene ahí donde es ligero platicar de su familia, pero se niega a excavar hacia lugares que verdaderamente la desnuden frente al público. O tal vez es que lo del Canal 5 se dibujaba más bien como un exótico pretexto para poder basar en eso la estética de un montaje. Sea como sea, la inclusión del cine ochentero ofrece guiños animados durante la obra, pero jamás adquiere un carácter personal.

Para poder crecer una anécdota reducida y sin muchos recovecos, Valentina Garibay como directora lo que hace es retacar de ideas su escena. Canciones, transiciones, game shows, un oso de peluche gigante, cambios de vestuario, mensajes (reales) en un celular que se leen en voz alta, un lindo efecto al fondo del teatro que lo convierte en una pantalla enorme de televisión. Garibay no para de idear cómo conseguir teatralidad para su historia, y lo hace, de algún modo A Mi Mamá Le Gusta Bruce Willis se mantiene dinámica y energética, sí, pero eternamente desvinculada. Las ideas sueltan vuelan de un lado para el otro, pero una jamás se comunica con la otra, todas orbitando el motivo retro de un biodrama que no busca regresar al pasado, y la inspiración cinematográfica en un texto donde el cine no alcanza a afectar a sus personajes.

Es caótica y colorida al mismo tiempo que es superficial y vana, y extrañamente ofensiva cada que decide llamarle «tarados» a la gente con algún tipo de neurodivergencia (ya después se amplía a otro tipo de familiares, pero comienza en el autismo). Es cierto que el teatro también está ahí para resolver lo no resuelto, pero siempre la pregunta al aire es si es o no es finalmente terapia para el que lo hace. A Mi Mamá Le Gusta Bruce Willis tiene significado para la misma Valentina Garibay, eso jamás lo pondría en duda. El tema a ella la atraviesa, y a ella la pequeña historia le resulta pertinente. La obra acaba siendo por ella, sobre ella y para ella. Y tal vez eso no está mal. Tal vez eso también es teatro. Y sí, también terapia para el artista. ¿Pero qué es para el público? Ahí es donde la pregunta comienza a resultar difícil de contestar.
A Mi Mamá Le Gusta Bruce Willis terminó temporada en Teatro El Milagro.








