Tres generaciones, tres parejas y más de 30 años de una historia violenta que pareciera replicarse en detalles y estallar en tragedia como si el trauma generacional fuera volviéndose una avalancha, Diego Álvarez Robledo toma el texto de El Cobertizo: La Visión Estalló para hablar de una agresividad que pareciera innata a los hombres en su historia, y frente a la que las mujeres se vuelven incapaces, aún si en el escenario el famoso cobertizo que da forma y símbolo a la historia nunca termina por construirse hacia algo.

Phoebe Eclair-Powell escribe El Cobertizo: La Visión Estalló (Shed Exploded View) inspirada por la instalación artística de Cornelia Parker, una en la que un cobertizo de jardín era reventado en cachitos y luego capturado en plena explosión como congelado en el tiempo. La dramaturgia de la obra pareciera querer hacer algo similar con sus seis personajes: encaminarlos hacia un estallido, usando el tiempo como una especie de álbum de recuerdos a los que uno puede regresar sin mayor cronología y simplemente visitar como si estuvieran ahí sólo esperando (y que la autora propone para aquellos que lo monten que sean ellos los que decidan en qué orden visitamos estos momentos). Es en todo efecto un estallido congelado en el tiempo.

El Cobertizo: la Visión Estalló

Escénicamente, Diego Álvarez Robledo deja escabullirse el concepto del cobertizo que se arma y desarma, se construye y revienta, y lo suelta más que nada como una especie de esqueleto sobre el suelo que poco a poco va recibiendo tablas a martillazos hasta volverse un muro que eventualmente termina por tener un juego pequeñito en la escena. Y aunque visualmente la referencia a Cornelia Parker pareciera estar un poco desaprovechada, Diego enfoca sus esfuerzos en lo narrado y en presentarnos a tres parejas cuyas historias puedan hacernos sentir con el estómago vacío desde la butaca.

El Cobertizo: la Visión Estalló

Tres generaciones, dos de ellas literalmente madre e hija, y la última una que El Cobertizo deja abierta la posibilidad de que sea la abuela que dio en adopción a su bebé… o no. La historia transcurre en tres décadas, tocando eventualmente el presente, y cada que saltamos de año en año, una proyección en la pared con un pequeño subtítulo nos hace saber en qué parte de la línea del tiempo estamos situados. Aún en diferentes tiempos y espacios las paredes que separan a las parejas parecieran diluirse cuando entre ellos se encuentran de pronto empatándose para decir ciertos diálogos en simultáneo, antes de volverse a separar para hacer lo suyo. Como si esta red temporal estuviera llena de nodos donde estas mujeres y estos hombres tienen algo decirse mutuamente desde el pasado y el futuro.

El Cobertizo: la Visión Estalló

La flecha que recorre las tres generaciones tiene que ver con impotencia, y una dinámica de géneros donde al hombre lo moviliza un ímpetu agresivo y se carga de todo tipo de micro-violencias (y otras no tan micro), y las mujeres a su lado se van viendo arrinconadas y abatidas, legando a la siguiente generación el silencio y el tipo de juicio que las embotelló a ellas en primera instancia. En algún momento, madre e hija se sientan a trabajar en el jardín, la hija buscando de su madre escuchar una verdad que ella misma se ha estado ocultando sobre el hombre con el que va a casarse, y la madre sabiéndolo todo opta por concluirle «es un buen hombre», no sin antes dictaminar de forma crítica sobre su peso.

El Cobertizo: la Visión Estalló

La pareja mayor, Lil (Regina Alcalá) y Tony (Marlon Perzabal), ambos han estado casados antes y parecieran tener las riendas de una relación amorosa bien sostenidas, hasta que Tony es diagnosticado con demencia, y Lil se enfrenta con la paulatina pérdida del hombre que conoció para pasar de su esposa a su enfermera, y francamente una desconocida antes sus ojos; en medio, Naomi (Diana García) y Frank (Roberto Blancarte) parecieran haber perdido todo lo que los conectó cuando recién se conocieron, y desde su luna de miel en Las Maldivas todo lo que les queda es una enorme agriedad el uno por el otro, que se traduce a que han dejado de saber interactuar sin combatir, y si es que alguna vez se tuvieron amor, lo que se respira en el aire entre ellos es hiel, y los más jóvenes Abi (Ana Laura Medina) y Mark (Manuel Nocetti) se conocen en una instancia donde el consentimiento es imposible, y desde ese momento y para adelante Mark engulle todo lo que es Abi con una mentalidad machista, hostil y controladora que busca de ella docilidad absoluta.

El Cobertizo: la Visión Estalló

El texto de Phoebe Eclair-Powell tiene momentos naturales muy poderosos que no requieren de situaciones crecidas para hablar fuerte y alto. Naomi recibiendo atónita de Navidad una aspiradora, mientras su familia entera pareciera celebrar el regalo perfecto al tiempo que ella cae en la realización de una percepción que nunca ha podido terminar de combatir, o Mark llorando en los brazos de Abi por culpabilidad luego de un ataque de cólera que sabemos que se va a repetir, pintan perfecto un retrato del tipo de violencias que sin mucho amarillismo normalizan las dinámicas tóxicas y virulentas entre pareja. Al tiempo que nos mantiene en espera de una revelación que vamos viendo venir con el aliento sostenido mientras Naomi se niega a ver a Frank a los ojos en las escenas futuras al tiempo que va construyendo poco a poco su cobertizo sin querer entrar a la casa ni respirar palabra alguna.

El Cobertizo: la Visión Estalló

Para su Cobertizo, Diego Álvarez Robledo se arma con un elenco sumamente joven para representar a las tres parejas, que aunque entregado y sumamente capaz, hay algo en sus edades que más allá de la convención pareciera impedirles tocar al cien la madurez de los personajes que les van quedando lejos. Y aunque admiro el tipo de ímpetu que lleva a la compañía Raíz Escénica a montar un texto valioso como éste, cuestiono si era el momento para ellos, y si más adelante en un futuro quizá incluso lejano, esta misma propuesta pudiera tomar otro tipo de dimensiones más completas y complejas cuando los actores puedan abordar a los personajes desde una experiencia de vida a la que uno simplemente no se puede adelantar.

El Cobertizo: la Visión Estalló

El Cobertizo: La Visión Estalló no es tanto una explosión como una erupción. Ebulle cargada de lava que eventualmente va a desparramar sobre el piso, y hay algo inherentemente intenso en eso. Es la fuerza de lo que Phoebe Eclair-Powell escribió para pintar una detonación contenida en un flujo que arde y conmociona, si bien es verdad que no revienta. Un montaje enfocado cuyo ritmo podría precisarse aún más, especialmente en esos momentos donde generación y generación se traslapan, que pudiera recibir una apretada de tuercas para fluir al unísono, pero que en conjunto no dejan de mostrar un retrato muy verdadero del tipo de señales y grietas que más que banderas rojas que dejamos ondear a la distancia, deberíamos permitir helarnos y sacudirnos lo suficiente para poner los pies en marcha cuando el corazón grita «¡Huye!».

El Cobertizo: La Visión Estalló se presenta los domingos a las 6pm en Teatro la Capilla.