La película original de Netflix sobre una invasión extraterrestre, comienza lenta, pero una vez agarrado ritmo demuestra que no es en absoluto lo que te esperabas.

Extinction se está ganando puntos conmigo desde el momento en que le da la oportunidad a Michael Peña -un excelente actor usualmente atrapado en roles secundarios- de tener un espacio protagónico. Fuera de los clichés latinos, la película coloca al personaje de Peña ahí mismo donde tiene parada a Lizzy Caplan o Mike Colter, y eso de entrada se agradece.

Peter (Michael Peña) un trabajador clase media, que vive con su esposa Alice (Lizzy Caplan) y sus dos hijas pequeñas -la mayor no puede tener más de 12- sufre de pesadillas constantes que le impiden llevar una vida normal y lo confrontan continuamente con su familia y allegados. En estos sueños él ve la llegada de extraterrestres, la muerte de muchos conocidos bajo el fuego de sus armas y a su familia tratando de huir de la masacre. Intuye que algo malo pudiera estar por suceder, pero nadie a su alrededor lo toma como algo más que una enfermedad del sueño.

Cuando los seres de otro mundo finalmente invaden su ciudad, el escenario no es precisamente el mismo que Peter veía en sus sueños, y poco a poco él y su familia van descubriendo que los invasores no son el tipo de extraterrestre que ellos imaginaban, y los sueños de Peter no eran premonición…pero algo más crudo que los enfrentará contra una realidad de la que no pueden escapar.

En un inicio la película resulta un poco lenta, de diálogos torpes, interacciones frías y una edición que de pronto se percibe estorbosa al entrecortar las secuencias de sueño con las de la vida real de la familia; y peor cuando sucede la invasión extraterrestre, las actuaciones se vuelven acartonadas, y las reacciones poco adecuadas para un grupo de gente que está viviendo la destrucción de su mundo frente a sus ojos, que provoca querer gritarle a la pantalla “¡Reacciona!”. Los personajes susurran impábidos, pero no se escandalizan, no lloran, no entran en crisis, a excepción de los niños en la película, los adultos parecen tan movidos por la extinción como un caballo por la presencia de una mosca.

Luego la película llega a su inesperado twist -realmente inesperado, tenemos que decirlo- y parece cobrar una vida que durante los primeros 40 minutos de acción no había tenido. Las cosas empiezan a tener sentido, si bien no aclaran por completo el panorama actoral, y comienzan a levantar en el espectador incipientes preguntas que se irán resolviendo lentamente conforme la familia escapa por su vida en túneles bajo la ciudad.

De pronto las escenas de acción resultan emocionantes, los personajes se pintan con nuevos colores, los invasores se tornan peligrosos, pero no a la manera blanco y negro de otras cintas del género, pero con tonalidades, y es como si Extinction tuviera un segundo aire, una especia de vida alterna que se tenía guardada bajo la manga para jugar con nosotros y dejarnos impactados.

Al final, la película termina por ser entretenida, novedosa y recomendable, pero hay que tenerle paciencia.A Lizzy Caplan la mirada perdida y falta de afecto en cada cuadro no se le quita nunca. Eso sí.