Dos desconocidos irreparablemente rotos juegan a la fantasía del amor y el romance, si tan sólo por una noche en Dani Y El Profundo Mar Azul, una comedia ¿romántica? entre personas que aprendemos a ver con cariño, si bien es poco lo que los redime, en una adaptación a John Patrick Shanley que transporta la historia del Bronx a Tamaulipas de manera magistralmente norteña, y dos actores que hacen blanca espuma con estos personajes que por un momento se permiten flotar sobre las olas.

Nuestras comedias románticas suelen venir acompañadas del tipo de personajes «hechos para el amor», quizá perdidos por un momento o negados a sus circunstancias, pero finalmente seres capaces de entregar y recibir ese amor con la persona y en el momento correctos. John Patrick Shanley tira esa premisa por la ventana con Dani Y El Profundo Mar Azul, que recién estrenada en 1983 Off-Broadway no recibió las mejores críticas, precisamente por su visión… atípica de los héroes de romance. Dos personas en toda medida tóxicas y dañadas desde los cimientos, incapaces en realidad de cualquier asomo saludable de interacción, violentos por naturaleza, irrescatables por decisión propia que encontrándose una noche cualquiera se permiten soñar con una boda de blanco.

Dani Y El Profundo Mar Azul
Fotos: Cortesía

Dani y Roberta se conocen en un bar de pueblo, de ésos con rafia al fondo para alegrar la poca vista y una rocola para despabilar a los que no se han quedado dormidos con la cerveza en la mano. Él trae golpes en la cara y en las manos, y sangre que no ha terminado de cicatrizar. Ambos solos. Ambos viéndose a la distancia, quizá analizándose. Hasta que rompen el hielo y entre miradas inseguras, ganas de mejor salir corriendo, y acercamientos precavidos se dan oportunidad de flirtear un poco, si bien manteniendo muros altos de defensa.

Ninguno es una perita en dulce. Él viene de golpear a un hombre porque su respuesta pronta ante toda situación mínimamente confrontativa es alzar los puños, lanzarse a los madrazos, perder por completo la cabeza, y mucho tiempo después preguntarse si hubiera podido tomar otra ruta; y ella carga con el recuerdo de un encuentro grotesco con su propio padre que la ha marcado como tatuaje y del cual se considera culpable, y no puede parar de castigarse sabiéndose poco digna de cariño y confianza. Ni siquiera tiene mucho amor que mostrar por su hijo, un niño problema del cual en realidad se encargan sus padres.

Dani Y El Profundo Mar Azul

Su encuentro es inmediatamente álgido. Dos personas intensas y provocativas que en minutos se toman un exceso de confianza como para hablarse con demasiada honestidad, de pronto como queriendo probar que son más problemáticos que el otro, que en lo destartalado encuentran su punto de comunión como para en medio de risas, confesiones, gritos, amenazas y ataques de pánico reconocerse en el otro al menos por unas horas en las que se permiten abrirse más de lo que usualmente hacen y hasta soñar con planes a futuro que normalmente le pertenecen a personas más estables y bien llevadas.

Dani Y El Profundo Mar Azul

Cristian Magaloni (director) asienta esta comedia en interpretación y consigue de una forma, incluso incómoda, que nos encariñemos profundamente con estos personajes que en el fondo, ellos y nosotros, sabemos que no constituyen el ideal de relación sana y funcional, pero no podemos evitar querer verlos ganar, aún si su amor es pretendido. Son más ganas de amar y sentir que pueden que amor en serio. Y puedo entender por qué pudiera resultar apologista, porque si uno se descuida te andan vendiendo un romance nocivo en cada arteria, ¿pero no acaso pueden estas personas que han sido derrotadas huir de lo patético de sus circunstancias al profundo mar azul donde sólo las ballenas pueden ser testigos de su escapada?

Dani Y El Profundo Mar Azul

Dani Y El Profundo Mar Azul es oscura pero no por eso menos cómica. La idea de ver a dos alacranes tratando de abrazarse mientras evitan picarse con la cola tiene mucho de genial, de torpe y de hipnótica. Magaloni maneja el ritmo, que es esencial en la obra, pero son Xavier García y Samantha Coronel los que abrazan lo caótico de Dani y Roberta y hacen con ellos personajes interesantísimos. Es imposible quitarles el ojo de encima. no acabar colgado de su cada palabra, reír a carcajadas de las cosas más desquiciadas que llegan a salir de su boca, porque entienden lo humano en ellos. Hacen de la amargura ternura y de la fractura empatía.

Dani Y El Profundo Mar Azul

Y por si eso fuera poco, juegan con la idea de «lo norteño» como la última capa que recubre a estos seres de por sí muy bien construidos, pero eventualmente adornados con su propio betún. Con la ayuda, claro, de Roberto Cavazos y Sofía Morfin Jean que hacen un trabajo monumental de tomar una historia originalmente newyorkina y hacerla sentir profundamente Tamaulipas, México. Que no se queda sólo en la palabra, no, todo el equipo se ensaña en realmente transformar esta historia hacia una geografía muy precisa y muy ubicable que no sólo nos permite entenderla desde un contexto que nos es más propio, pero que además se presta a muchísimo juego y comedia que, por ejemplo, siendo Xavier un actor de Coahuila, entiende a la perfección, y el que sea capaz de nadar en ese mar como literal pez en el agua, es notorio.

Dani Y El Profundo Mar Azul

Me atrevo a decir que ambos actores están viviendo un momento épico en Dani y El Profundo Mar Azul en La Teatrería, y el equipo que hacen juntos merece quedar grabado en los libros de historia. Pero más allá de la humanidad y complicidad que logran otorgarle a una historia que en su acidez podría descarrilarse fácilmente hacia lo repulsivo, pero Magaloni y su elenco la mantienen perfectamente balanceada en lo turbiamente apetecible, el escenario de La Teatrería rara vez ha sido tan idealmente aprovechado para llevar belleza, símbolo y mensaje al cuadro sin necesidad en realidad de nada a gran escala.

Dani Y El Profundo Mar Azul

Porque en un inicio pareciera ser que sólo nos recibe la ilusión del bar cutre de pueblo, un rinconcito olvidado del mundo que apenas si tiene color para enbrillecer lo en realidad opaco, pero detrás de las cortinas de rafia se esconde un aparato escénico que es en toda medida un profundo mar azul. Para cuando Dani y Roberta salen del mar y hacia un espacio íntimo, el fondo se transforma en pliegues que a su vez crean la fantasía de olas luminosas que se mecen por encima de la cama de Roberta y de las que uno está esperando que en cualquier momento se asomen todo tipo de criaturas que, como nuestros personajes, viven allá abajo en lo profundo temerosas de salir a la superficie donde las pudieran nombrar krakens. La ilusión se la debemos a María Vergara.

Dani Y El Profundo Mar Azul

Si el romance es una fantasía, el que viven éstos dos a sabiendas de que le están poniendo un parchecito a algo que necesitaría un yeso de cuerpo completo no deja de ser menos mágico. Dani Y El Profundo Mar Azul no es un felices para siempre, porque para ciertas personas la felicidad es un lujo que miran a la distancia, pero sí un ¿qué pasaría? Un cuentito de amor donde al amor no se le permite visitar. Y ante todo un trabajo complejo y completo por parte de todos los involucrados que hacen océanos de emocionante posibilidad teatrera en una obra entrañablemente azul y fascinantemente profunda.

Dani Y El Profundo Mar Azul se presenta los miércoles a las 8:30pm en La Teatrería.