Mauricio García Lozano lleva franca divinidad a Éxtasis y Belleza, la tercera entrega en la trilogía de Ximena Escalante que reinterpreta y confronta a las figuras femeninas de la mitología griega, en esta pieza dedicada a Helena de Troya…¿o sería de Esparta? con un montaje precioso donde las jónicas líneas griegas se mezclan con lo lumínico y apantallante de una multidisciplina contemporánea para hacer de este final de la saga uno verdaderamente épico, y como su nombre aclama, tan hermoso en cada aspecto como delirante en su inspiración oscura.

De acuerdo al mito, fue la belleza de Helena la que provocó la famosa Guerra de Troya, finalmente una mujer concebida por un dios en forma de cisne, y nacida de un huevo, que pareciera haber estado destinada desde su génesis a ser un premio batallable entre hombres. La responsabilidad que se le ha colgado encima no es tan distinta, finalmente, a la del mito de la manzana de la discordia; pero ¿y los hombres? Aquel Teseo que primero la raptó para llevarla a Atenas; Odiseo que propuso un pacto de lealtad entre pretendientes al que resultara casado con Helena; Tindáreo, padrastro que eligió en su nombre quién habría de ser su esposo; Paris, quien la secuestro de Esparta para llevarla a Troya porque se la había prometido la diosa Afrodita; Menelao que utilizó el pacto de Odiseo para asegurarse de que los hombres lo siguieran a la guerra, y Agamenón que se aprovechó lo que quiso del pretexto del rapto de Helena para derrotar a la Troya que había sido su enemiga. ¿Por qué entonces es Helena la culpable de todas esas vidas que se sacrificaron en nombre de una guerra que sí, en algunas versiones del mito ayudó a provocar porque se fue voluntariamente con Paris, y en otras versiones ni siquiera dio su consentimiento para acabar donde acabó?

Éxtasis y Belleza
Fotos: Héctor Ortega

Eurípides probablemente se preguntó lo mismo, y en su dramaturgia piensa a Helena como dividida, por un lado la Helena de Esparta que el dios Hermes transportó a Eigpto para huir de aquel enredo, y por otro, la Helena de Troya que no era sino una figura en su imagen creada de polvo de nube que afrontó la batalla como un espejismo para los hombres. Ximena Escalante, para cerrar con su trilogía sobre figuras femeninas griegas, la lleva todavía más allá en este viaje de expiación y huida, y se pregunta cómo enfrentaría la verdadera Helena de Esparta y Eurípides a las víctimas de su presunta sombra si les topara de frente tratando de encontrar un pedazo de tierra al cual llamar hogar temporal durante su cansado escapar de aquellos que la persiguen buscando castigo.

Éxtasis y Belleza

Y así, en Éxtasis y Belleza, Helena termina como una refugiada en Rodas, isla gobernada por Polixo, una de tantas damnificadas de la Guerra de Troya, viuda de Tlepólemo que dio su vida en el supuesto rescate de Helena, quien ahora tiene la difícil decisión de si dar casa y protección a una Helena que la necesita o rechazarla en virtud de su rencor. Helena, incauta, ha llegado ahí llevada por dos sirenas que le han prometido que la isla es la parada correcta en el camino, pero cuyas intenciones son notoriamente sospechosas; y Polixo, que en sus movimientos erráticos pareciera haber perdido algo de cordura, fragua con las otras viudas que habitan en Rodas un plan hospitalario que en su centro va cargado de venganza y una búsqueda ciega de justicia sangrienta.

Éxtasis y Belleza

Como en los anteriores textos de la saga, Ximena Escalante centra su pieza en el enfrentamiento entre dos potencias mitológicas, a las que ubica de lados opuestos, por un lado permaneciendo fiel a sus mitos originales que las enemistaron en primera instancia, pero por otro, ubicando puntos de comunión y redención, y explorando distintos lados de sus historias, y colocándose en ambas posiciones sin mayor juicio, pero sí con cuestionamientos, para eventualmente permitir a la tragedia tomar su curso y terminar ahí donde los griegos las dejaron. En el caso de Helena y Polixo, la intervención de Ximena se siente aún mayor, siendo Polixo en realidad un personaje muy secundario que sólo en una de las versiones del mito (la de Pausanias) es culpable de enviar a sus criadas a colgar de un árbol a Helena, pero que para Éxtasis y Belleza, Ximena Escalante da una voz mucho más completa y sólida, y una personalidad maquiavélica, y construye una nueva leyenda a partir de esta Rodas habitada por viudas vengativas, una recreación teatral donde se invocan a los que serían los fantasmas de Helena, y un baño humeante en una tina roja que habría de ser su final.

Éxtasis y Belleza

La puesta toma impresionante forma gracias a la mano de su director Mauricio García Lozano, que cierra la trilogía con broche de oro, pero más importante aún, que entiende y conecta con el mito de Helena para entregar una escena en efecto cargada de belleza por doquier, de ilusión, de feminidad, de peligro y de más de un momento de franca sorpresa teatral de ésas que sacan suspiros en la butaca. Por supuesto, muy ayudado de un equipo creativo que toma la inspiración griega para dejar varios guiños donde el mito los necesita, pero crecer Éxtasis y Belleza hacia un lugar de propuesta avant garde.

Empezando por la portentosa iluminación de Víctor Zapatero, que junto con una proyección de video, también de su diseño, se roba el momento más lucidor de la puesta. Una escena de ensueño, una aparición, una pesadilla, a la que García Lozano y él consiguen darle cuerpo de forma creativa y memorable, encima de todo con completo sentido para la escena. Un vestido que se transforma en la otra Helena y una Polixo que se pone por única vez en los zapatos de su antagónica para descrubrir que ha idealizado su villanía, pero ya no hay vuelta atrás. Una escena clave y poderosa, que es sólo el pináculo en realidad de muchos otros momentos brillantes, estilizados y lúcidos.

Éxtasis y Belleza

El vestuario de Eloise Kazan es otra de las columnas de esta estética operación. Los vestidos sueltos y etéreos de Rodas se conjugan con la dureza de la imagen de una Helena refugiada, y lo tétrico pero hipnotizante de las sirenas que con manos negras, escamas en la cara y ropas hechas de hilacho que se confunden con el pelo son una especie de visual gótico, un acento a lo nínfico de todo lo demás. Que además hace algo muy ingenioso al otorgarle a cada actriz un capullo negro, del cual aparecen y dentro del cual desaparecen sin tener que salir de escena, más bien convirtiéndose en sombras y presencias sobre el escenario. Que en el caso de las sirenas es al mismo tiempo una cola, pero para otras mujeres pareciera el velo de un luto.

Éxtasis y Belleza

Mariana Giménez devora al personaje de Polixo con hambre, y encuentra en ella lugares suaves y crueles, e insensatos, para entregar un personaje ultra memorable que no es la Reina que uno esperaría, pero en efecto los efectos de la devastación de una guerra en una persona. Son sus miradas juguetonas pero sádicas y su mera presencia frenética e imponente, al lado de una Mariana Gajá continuamente apesumbrada y sumida en la desesperación, la que hacen de esta confrontación una donde el calculado final se asoma a lo lejos, sólo uno no logra entender del todo cómo es que se va a asestar el golpe. Ditmara Nader y Daniela Gaytán se divierten con las sirenas transformándolas en criaturas sin escrúpulos pero con magia cautivante, como estas flores de pantano muy bellas pero finalmente ponzoñosas. Y un elenco de viudas que pasan de mujeres arrastradas por la tempestad de su líder, a tormentas ellas mismas cuando les toca aterrorizar y quebrar a Helena en su trampa.

Éxtasis y Belleza

Ximena Escalante cierra con fuerza su trilogía con la que es probablemente su batalla más emocionante, pero es Mauricio García Lozano el que hace de Éxtasis y Belleza la más gloriosa de todas. Épica y clásica, y al mismo tiempo propositiva y deslumbrante… y hasta sonora, porque el diseño de audio de Alfonso Olguín también carga gran parte de este ambiente hechizado. Me gustaría decir que Éxtasis y Belleza es un canto de sirena, así de hermosa, así de única y así de inevitable, pero finalmente a las sirenas hay que huirles, amarrarse a mástiles con tal de no caer en su trampa, pero a esta obra hay que correr con los ojos abiertos y el entusiasmo preparado, lanzarse al mar y encarar cada ola en el camino hasta estar en esa butaca, porque este canto de sirena es más bien un regalito de alguna musa del teatro.

Éxtasis y Belleza de presenta viernes, sábados y domingos en Foro Lucerna.