Ruby Tagle regresa a las tablas ya montadas de El Charco Inútil con un remontaje que retoma el texto de David Desola sobre los constructos imaginarios y aquello a lo que le podemos llamar «realidad», con un ritmo en realidad parsimonioso, quizá demasiado para su propio bien, y un montaje que fuera de un par de momentos lúdicos y conmovedores se estanca en la monotonía de lo repetido y termina por respirarse con aire denso y aletargado para una historia reflexiva no sólo sobre las muchas variedades de duelos, pero aquellos lugares mentales donde nos refugiamos para seguir adelante.

La llegada de El Charco Inútil al Teatro Helénico no es en realidad del todo nueva. En 2022, la directora Ruby Tagle ya había montado este texto de David Desola y ahora que vuelve, no lo hace con muchas variaciones. La escenografía bicolor, mitad azul, mitad amarilla permanece idéntica, junto con la idea de una banca en primer plano del escenario que nos transporta a un parque frente a un estanque congelado donde el invierno ha ahuyentado a los patos. Un charco inútil, de acuerdo a nuestro protagonista, que no puede ver la belleza de un paisaje sin pensar inmediatemente en su utilidad práctica.

El Charco Inútil 2026

De algún modo, entonces, es una puesta conocida. Cuyo factor diverso se recarga en un nuevo elenco integrado por Juan Ríos, Paulina Treviño y Miguel Cooper. Yo tuve oportunidad de verla hace algunos años, escribí ya sobre ella en este mismo portal, y me quedé en gran medida con el texto (cuya premisa vuelvo a encontrar enormemente valiosa). Pero ahora revisitando la escena de Ruby Tagle me topé con un montaje moroso, incluso en la forma en la que los tres actores están dirigidos para hablar de manera calma y sobre-diccionada, monótono en las formas en las que el cuadro parece variar, pero no lo hace tanto en verdad. El juego escénico es mínimo y termina por sentirse cíclico y reiterativo. Y en esta segunda vuelta al Charco Inútil me sentí atrapado en el tiempo en busca de progresión y dinamismo.

El Charco Inútil 2026

Un ex maestro de escuela, que dejó de dar clases luego de que un alumno adolescente lo golpeara y tirara por las escaleras, y terminara por dañarle la pierna de forma permanente, evento que aún revive con síndrome de estrés post traumático, es alentado por un ex profesor suyo a tomar la tutoría particular de un niño: Diego. Pero cuando el maestro llega a presentarse con la mamá de Diego, dispuesto a darle clases, se topa con que no hay nadie. El niño murió cinco años atrás, pero su mamá está convencida de que sigue vivo, de que sigue viviendo con ella en la casa, y de que necesita ayuda de un tutor para mejorar sus calificaciones.

El Charco Inútil 2026

Tomado por sorpresa y conmovido de alguna forma, el maestro no consigue confrontar a la mamá con la realidad y comienza a asistir semanalmente para darle lecciones a una silla vacía en representación de un niño fallecido; mientras va fortaleciendo su relación con la madre, con la que eventualmente comienza haber una especie de interés romántico, y se va confesando y descubriendo cosas de él y de un mundo que se ha negado a mirar con ojos honestos con el profesor que lo espera siempre en la banca vacía de un parque donde las cosas que no es capaz de decir con la boca, se escriben en la grava sobre la tierra para existir de algún modo u otro.

El Charco Inútil 2026

El texto del dramaturgo español David Desola no está interesado en la percepción de la madre como una mujer que ha perdido la cordura. Sí, en gran medida tiene mucho que decir sobre el duelo y los lugares a donde nos lleva la mente para protegernos del trauma, y lo devastador; pero lo que Desola hace es crear un puente entre aquello que llamamos real, porque es tangible y comprobable, y aquello que nombramos un invento porque no tenemos dónde más colocarlo, y luego se cuestiona si la realidad no está más bien formada por aquello a lo que nosotros mismos damos forma y que para nosotros es enteramente verdadero. ¿Qué es la fe religiosa sino eso, por ejemplo? O emociones francamente intangibles pero no por eso inexistentes.

El Charco Inútil 2026

De modo que El Charco Inútil termina por entrar en un debate entre lo público y lo privado. Lo que es nuestra percepción contra la percepción del ojo ajeno. Que además en el caso del maestro y la mamá no es un sólo ojo, sino muchos. Ambos vivieron eventos que fueron grabados y cubiertos de forma mediática. Para el profesor fue una golpiza por parte de un alumno cuyo video acabó a la vista de todo mundo, para la mamá un accidente en tren que mantuvo a la prensa alerta. Ninguno puede evitar la mirada ajena sobre su propia realidad, pero ambos han encontrado formas de resignificarla para procesarla desde lo propio y lo que sólo pueden entender ellos. Su realidad. Una que es personal pero no por eso de connotación ficticia. Porque es de ellos para ellos, no es para todo mundo. ¿Entonces por qué habría el mundo de dictar lo que es real?

El Charco Inútil 2026

Desola contruye una trama sólida y filosófica, y personajes que no alumbra bajo ningún tipo de juicio, pero les da espacio para explicarse por sí solos. Después de todo, un charco no es más o menos inútil porque en él naden patos, no es el pato lo que hace al charco, es el charco por sí solo. Ruby Tagle divide la escena en dos planos, por un lado uno frontal donde habita la realidad del maestro. Un parque, su ex profesor y confidente, su refugio lejos del mundo porque además el parque no lo visita nadie más; y por detrás una casa a su vez dividida en dos espacios, cada uno representativo de la realidad de alguien más. Del lado derecho un escaparate amarillo donde la mamá que es incapaz de soltar hasta las uñas que se muerde, que guarda en cajitas para no tirar, pareciera un fantasma que recorre los rincones, y del izquierdo un recuadro azul que le pertenece a Diego. Que aún cuando no es, nunca deja de estar. Su cuerpo físico no está presente, pero su presencia lo abarca todo, incluyendo una puerta de clóset que se abre sola, que podría ser por cualquier razón, pero su maestro se pregunta, ¿podría ser él?

El Charco Inútil 2026

El Charco Inútil está armado con una premisa interesante, pero al momento de accionar, Ruby Tagle elige la pausa por encima del ritmo. Y es ahí donde la obra que tiene todo para atrapar la atención y el pensamiento, comienza a sentirse despresurizada. Las conversaciones flotan en lugar de avanzar, y la tensión de un texto que se describe como thriller, se viene abajo para transformarse en drama existencialista. Los actores parecieran sobre-masticar cada diálogo, como si hablar fuera una exposición, y cada que regresamos de los cuartos traseros al parque de enfrente, para repetir la rutina una y otra vez, no son sólo los personajes los que están atrapados en un ciclo al que no le han puesto nombre, pero es el montaje mismo el que se repite ya sin tanto más que decir.

El Charco Inútil 2026

De colores vibrantes en la creación de una realidad que es salvaguarda y una dramaturgia intrigante, El Charco Inútil permanece llamativa en las peguntas que pretende dejar a su paso, y las respuestas que se niega a contestar, pero permite a sus personajes habitar de pronto de un lado, de pronto del otro. Una puesta que se acordona solita, y en hacerlo se restringe y abochorna, pero que no deja de pintar de algún modo un autorretrato interesante, porque ¿qué es el teatro sino aquello que creamos para habitar una realidad distinta si tan sólo por un momento y escapar a donde la capacidad de hacerlo quiera llevarnos?

El Charco Inútil se presenta jueves, viernes, sábados y domingos en el Teatro Helénico.