Una irreverente comedia de humor negro que enfrenta a generación con generación en un lugar inescapable y al borde de la muerte en La Generación De Inservibles, donde un grupo gen-z con todas las características en las que han sido enfrascados socialmente, se ven llevados al límite entre medallitas que les han colgado, prejuicios de los que no pueden huir, y una que otra compulsión que en efecto les pertenece, cuando jóvenes y viejos quedan atrapados en el metro de la Ciudad de México que amenaza como bomba de tiempo con derrumbarse sobre sus cabezas.

¿Quiénes son la generación de inservibles? De acuerdo a una franca guerra edadista que los ha calificaco de inútiles, excesivamente progresistas, pero al mismo tiempo «de cristal», flojos, buenos para nada, acostumbrados a que se les resuelva todo, embobados con la tecnología e incapaces… ésos serían la generación zeta. Jóvenes nacidos en una era digital, demasiado chiquitos quizá para recordar el cambio de milenio, de ideas «woke», pero un activismo de pronto reducido a sus celulares, cuya visión de la sexualidad, el género, el machismo, las múltiples violencias e incluso el sentido de la moda parecieran desafiar desde el centro las nociones conservadores de una sociedad antes guiada por el qué dirán y las buenas costumbres, que a ellos pareciera valerles madres, al mismo tiempo que dan suma importancia a sus perfiles en redes sociales que presuntamente definen su seguridad y valía.

La Generación De Inservibles de Abril Mayett se pregunta, ¿pero sí? ¿De dónde salen los muchos estereotipos y prejuicios? ¿Cuáles son las fortalezas de una generación en toda medida más empática y despierta, y de qué pies cojean cuando de poner en práctica el no replicar las deficiencias de padres y abuelos se trata? Y se lleva su tésis al extremo atrapando a sus centennials ahí donde la salida pareciera imposible y la muerte más probable que evitable, y en medio de comedia y una sátira negra, los confronta con los temidos boomers de percepciones misóginas, racistas, homofóbicas y francamente intoleralentes, pero hombres de acción aunque de pronto arrogantemente inútiles, en esta caja de Petri donde el absurdo se fusiona con la dura distancia generacional.

En el democrático metro de la Ciudad de México -una escenografía ingeniosamente armable y desarmable para ir creando ángulos ahí adentro-, gente de todo tipo viaja a su destino, y mucho antes de cualquier tipo de desastre, las primeras confrontaciones ya se están dando entre grandes y veinteañeros, que sin mucho filtro han decidido vocalizar sus varias intolerancias entre clasistas, racistas y lgbtfóbicas, a las que los gen-z reaccionan francamente provocados. Pero antes siquiera de que cada quién pueda irse por su lado y terminar la discusión en mera riña situacional, un fuerte terremoto azota la ciudad y los deja completamente varados en los vagones.

Para su mala suerte, el conductor del metro termina chamuscado entre cables y rieles que amenazan con descargar toda su eléctrica potencia en cualquiera que se anime a bajarse para buscar salida; y las autoridades pertinentes han decidido enfocar sus esfuerzos en rescatar primero a las áreas privilegiadas de México, o francamente no estorbar a los más adinerados, que mandar algún tipo de ayuda al subterráneo. Están solos. O peor aún… están mal acompañados. Gen-z’s y boomers quedan atrapados sin salida sin más remedio que intentar colaborar, pero entre más lo intentan, más notorias sin las diferencias en pensamiento, y los más jóvenes acaban recluidos en los vagones de hasta atrás con un único pensamiento en mente: si no logramos salir pronto, mejor nos suicidamos.

El tema suena agobiante y hasta claustrofóbico, pero ahí donde daría para habilitar una ficción de terror, Abril Mayett (directora y dramaturga) utiliza la comedia para poner en franca exhibición quiénes son los centennial en su expresión más fársicamente atinada. Y lo hace sin soberbia y con objetividad. Porque, claro, es fácil hablar de cuatro generaciones arriba como estos hombres y mujeres de obsoletas maneras, cuya vieja escuela en una era de nuevo pensamiento se siente primitiva, violenta y cuestionable. Que no por nada se han ganado el apodo de «viejos rancios». Pero La Generación De Inservibles no es en realidad un roast a la tercera edad, ¿qué chiste tendría una visión tan unilateral que no se enfrenta a respuesta alguna?

No, Mayett pone los ojos en los veinteañeros, y los sienta en el banquillo de los acusados. Y aún con ojos empáticos donde es capaz de celebrar sus peculiaridades también los delinea con franqueza. Un grupo de jóvenes que en cuanto escuchan que van a morir, lo primero en lo que piensan es en hacer una orgía; que en apariencia prefieren la salida fácil del suicidio antes siquiera de considerar opciones más complicadas y hasta peligrosas pero que pudieran iluminar algún tipo de salvación; que no se salvan de tener entre ellos desde ex sicarios y hasta padres desobligados, que no han dejado de arrastrar violencias antiquísimas que ni ellos se han terminado de sacudir de encima, que a su vez conviven con otras realidades en realidad inofensivas que socialmente han sido demonizadas, desde therians, hasta bisexuales, pasando por hijos homoparentales y gente que se dedica al trabajo sexual.

Abril Mayett pinta un cuadro muy completo, pintoresco, cómico y finalmente honesto en su capacidad de hablar de ellos como generación, para luego apartarse y retratarlos como individuos. Cada uno con su propia historia, cada uno con sus razones para cargar estigmas, algunos radicalizados porque su mundo no les ha dejado de otra, y otros más inocentes y esperanzados. Y finalmente ligeros. Jóvenes que transforman su miedo en baile, y su angustia en desmadre. Empáticos hasta donde la palabra empieza a sonar de dudosa procedencia, y de pronto excesivamente dispuestos, pero también apáticos cuando de ser decicivos se trata, y renegados cuando les toca ponerse el casco de sobrevivientes. La Generación De Inservibles viene a redimirlos y a ofrecerles -literalmente- una salida del túnel, al tiempo que con ojo crítico le permite a la audiencia reírse con ellos, más no de ellos, de sus inevitables fallas técnicas.

Mayett los trata como un ensamble y los mueve en grupos, y es en estas figuras y coreografías que encuentra sus visuales más llamativos y momentos más emocionantes; pero son finalmente cada personaje los que acaban enamorando a la audiencia con un elenco de atinada comedia, pero conmovedores cuando a la historia le toca ponerse seria. Realmente una generación preparada y consciente de actores, cuyos motivos además son claros: la mezcla perfecta entre lo absolutamente entretenido, y el fondo crítico por el que vale la pena hacer teatro. Cierto, de pronto en esta farsa donde las pedradas salen volando hacia todos lados, desde el nepotismo y hasta el catolicismo, pasando por la burocracia aliada al poder y hasta el acoso, La Generación De Inservibles no puede presumir de ser enteramente enfocada. Sus mensajes son bastos y no todos tratados ni de cerca con la misma dedicación, pero siempre será mejor que el exceso sea de ganas por una buena manifestación, que la carencia de todo significado.

La Generación De Inservibles no tiene nada de inepta, aunque es cierto que le habla más eficazmente a la audiencia que de cero ya tiene ganada. Es una protesta desde lo descarado, una sátira insolente, una congregación blasfema y una crítica mordaz que sabe cuándo no tomarse demasiado en serio. Y si alguno de esos adjetivos los relacionaste con la generación zeta tal vez no estés tan equivocadx. Son suyos como lo han sido de otras generaciones antes, que en su momento también batallaron por una voz, y décadas después han olvidado que joven no es sínonimo de incompetente, y que para mover el metro y salir todos juntos del túnel antes de que se nos venga la ciudad encima, nos toca voltear a ver al otro con tantita más compasión y menos autoridad comprada desde la soberbia.
La Generación De Inservibles se presenta los lunes a las 8:00pm en Foro Shakespeare.








